Si se mejorara la distribución del uso de fertilizantes al mundo, la agricultura sería más sostenible. Este es el resultado que ha obtenido un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT, Alemania), que en un artículo publicado en ‘Communications Earth & Environment’ incluso afirma que la producción actual de alimentos se podría mantener usando mucho menos nitrógeno que hasta ahora si se empleara correctamente.
Un problema global
La población mundial crece sin cesar y hay que alimentarla, pero la producción de tanto de comer provoca sobrefertilització y aumento de las concentraciones de nitrógeno al suelo, que afecta las personas, el clima y los ecosistemas. Actualmente, un 60% de todo el uso de fertilizantes basados en el nitrógeno del planeta se usa para cultivos como el maíz, el maíz o el arroz, que necesitan este elemento para crecer y que las cosechas sean demasiado abundantes.
Sin embargo, gran parte de este acaba en el suelo, en las aguas freáticas o se emite a la atmósfera en forma de óxido de nitrógeno, contaminando el medio ambiente y perjudicando la biodiversidad, el clima y la capa de ozono. Este problema afecta especialmente las grandes extensiones de cultivo de Norteamérica, Europa y el este de Asia, donde se usan cantidades enormes de fertilizante.

Grandes reducciones en la necesidad de nitrógeno y en la contaminación
Es por eso que los científicos del KIT crearon un modelo para comprobar los efectos de una redistribución global del uso de los fertilizantes basados en nitrógeno, simulando varias cantidades a varios lugares y su efecto en las cosechas de trigo, maíz y arroz entre 2015 y 2030. Los resultados muestran que el consumo de fertilizantes podría reducirse un 32% con una distribución más homogénea, pasando de China, Norteamérica y Europa a zonas como por ejemplo la África subsahariana. Además, la caída de la producción a unas zonas se compensaría con el aumento a las otras, manteniendo el mismo volumen anual de alimentos a la vez que la filtración de nitratos caería un 71% en los cultivos de trigo y un 63% en los de maíz.
Una propuesta que podría tener efectos muy importantes
Así pues, concluyen, si se redistribuyera el uso de fertilizantes para hacerla más homogénea se podría reducir la dependencia de lugares concretos para la producción de alimentos a la vez que se reduïria el impacto de la contaminación por nitrógeno a muchos lugares del mundo. Además, el aumento de las cosechas a África reduïria el hambre y lo ayudaría a ser más autoalcanzarse a la vez que bajarían las emisiones relacionadas con el transporte mundial de comida para hacerlo llegar a toda la población.


