Fabricar filtros que capturen el dióxido de carbono del aire usando la tecnología de impresión 3D podría ser una realidad de aquí poco tiempo. En un estudio publicado en la revista ‘Gels’, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte demuestra que es posible hacerlo, imprimiendo un hidrogel que puede contener anhidrasa carbónica, una enzima que acelera la conversión del CO₂ y el agua en bicarbonato.
Gracias a esto, en el futuro los filtros para retirar el dióxido de carbono del aire, de los tubos de escape, de las chimeneas… podrían producirse de manera mucho más rápida, más fácil y más precisa. Además, disponiendo solo de una impresora 3D y de las materias primas cualquiera podría hacer, facilitando muchísimo la implementación de esta tecnología en todo el mundo.
Buscando el material perfecto
Los investigadores mezclaron una solución con dos compuestos orgánicos, que forman la ‘tinta’ para imprimir; y el anhidrasa carbónica. Después, imprimieron filamentos del hidrogel resultante en dos dimensiones a la vez que solidificaban la solución con luz ultravioleta en el mismo momento en que se imprimía. La idea era que el hidrogel fuera mecánicamente bastante fuerte como para imprimirse en 3D y a la vez que pudiera tener forma de hilo. La inspiración fueron nuestras propias células, que tienen enzimas en espacios compartimentados llenos de líquido y que facilitan que hagan su trabajo.

Resultados mucho y muy prometedores
El material y sus propiedades fueron puestos a prueba para ver como de bien resistía ser doblado y retorcido y también para ver como de bien capturaba carbono. En un pequeño experimento, comprobaron que el filtro era capaz de retirar el 24% del dióxido de carbono de la mezcla de gases a que lo expusieron, menos del que se ha conseguido en experimentos anteriores pero con un filtro de menos de 2 centímetros de grosor, cosa que obra la puerta a hacer varias capas para aumentar la cantidad de carbono capturado. Además, en cuanto a su durabilidad, las pruebas demostraron que, incluso después de más de 1.000 horas funcionando, todavía conserva un 52% de su capacidad de captura.
Todo ello, pues, indica que esta manera de crear filtros de captura de carbono puede ser una opción muy interesante y toda una esperanza para la proliferación y la implantación de una tecnología que es cada vez más claro que es imprescindible para un futuro mejor. La reducción de emisiones está llegando demasiado tarde y ya hay demasiado CO₂ a la atmósfera. Además de no emitir más, pues, hará falta que retiremos.

