Las estrellas de mar no tienen cuerpo sino que, en realidad, son todas ellas cabeza. Esta es la conclusión sorprendente a que ha llegado un equipo de investigadores norteamericanos en un artículo publicado en ‘Nature’ y dónde, con los resultados de una análisis genético, apuntan que estos animales probablemente perdieron el tronco y la cola durante la evolución que los ha llevado a tener este cuerpo tan característico, con simetría radial, cinco ‘brazos’ y unos tubos que los sirven para moverse a la parte inferior.
Así pues, de hecho, una estrella de mar se podría describir como una cabeza con la nuca llena de pelos y que se arrastra por el fondo del mar. Todo un cambio respeto las interpretaciones que se habían hecho hasta ahora y un descubrimiento que podría ayudar a resolver algunos de las grandes dudas que todavía existen sobre los equinodermos, incluyendo su último antepasado común tanto con los humanos como con moles otros animales que tampoco se asemejan nada.
Un grupo de animales muy peculiar
Los equinodermos, donde también hay los erizos de mar o los pepinos de mar, son un grupo muy peculiar, con animales que en vez de tener simetría bilateral del hacia los pies tienen cinco partes iguales. En el caso de las estrellas de mar, nacen de huevos de donde salen las larvas que flotan al agua, como el plancton, durante semanas o meses. Después, se ponen al fondo del mar y empieza un proceso que hace que pasen de tener un cuerpo bilateral, como el nuestro, a uno de pentaradial, es decir, con forma de estrella de cinco puntas.

Esta transformación, precisamente, ha intrigado los investigadores durante muchísimo tiempo, como también lo ha hecho como de difícil es comparar las partes del cuerpo de una estrella de mar con las nuestras. En el caso de los animales bilaterales, hay una programación genética compartida que nos hace ser de este modo, no solo en los vertebrados sino también en muchos invertebrados, incluidos los insectos.
Analizando el diseño y los ‘planos’ de las estrellas de mar
Los equinodermos, pero, tienen que tener un antepasado común con nosotros, y es por eso que se ha intentado relacionar las partes de su cuerpo con las nuestras. Si los bilateris tenemos jefe, tronco y cola, una estrella de mar también tendría que tener, o cuando menos algo parecido.
Así pues los investigadores empezaron esta investigación usando tomografías computeritzades para conseguir una visión en tres dimensiones inédita de la forma y la estructura de las estrellas de mar. Después, con técnicas muy avanzadas, se identificó donde se expresaban algunos genes en los tejidos y se identificaron secuencias de ARN concretas en el interior de las células.

Esto es importante porque hay marcadores moleculares que son cómo los planos del cuerpo y dirigen cada célula en la región que le corresponde. Así pues, mediante este proceso, se buscaron otros instrucciones más allá de la simetría pentaradial, creando un mapa en 3D de expresión genética durante el desarrollo y crecimiento de las estrellas de mar y determinando los genes que controlan el desarrollo de la piel y del sistema nervioso, por ejemplo.
Genéticamente son ‘una cabeza que anda’
El sorprendente, pero, es que las firmas genéticas asociadas al desarrollo de la cabeza se encontraron en todo el cuerpo de las estrellas de mar, especialmente en su centro y en medio de cada ‘brazo’. En cambio, la expresión genética correspondiente al tronco y la cola era prácticamente inexistente. Son, desde el punto de vista genético y si lo comparamos con el que sabemos otros animales, solo una cabeza.
Es probable que, durante la evolución, tanto las estrellas de mar como los otros equinodermos evolucionaran con esta forma tan característica después de que sus antepasados perdieran el tronco, permitiéndolos mover’ y alimentarse de una manera diferente a los otros animales. Así, esta evolución habría estado mucho más compleja del que se pensaba hasta ahora y a punta a que todavía falta mucha investigación para resolver los misterios.

