Los grupos de cazadores-recolectores que vivían a las orillas del río Haine, al actual Bélgica, hace 31.000 años, ya usaban propulsores para tirar lanzas y ser más efectivos en la hora de abatir las presas. Esto ha descubierto un equipo de investigadores que, en un artículo a ‘Scientific Reports’, informa que ha encontrado pruebas del uso de esta arma de larga distancia, la más antigua de su tipo que se ha encontrado nunca y que atrasa en 10.000 años el primer momento en que, hasta ahora, sabemos que los humanos ya la usaban.
Una innovación tecnológica que cambió las sociedades humanas
El propulsor fue una gran innovación tecnológica para la caza. Se trata de una arma pensada para ayudar en el lanzamiento de lanzas o jabalinas y que puede ayudar a enviarlas a más de 80 metros de distancia. Así pues, es una arma de caza de larga distancia que, en su momento, debía de cambiar enormemente la historia de la humanidad, modificando las prácticas de caza y la relación entre los humanos y sus presas, además de la dieta de los grupos que la usaban e incluso la suya organización social.

Encontrar restos es muy difícil
Es por eso que saber cuando se inventó y como de rápido se popularizó es tan importante y un motivo de debate entre la comunidad científica. Sus restos, además, son muy difíciles de encontrar, puesto que estaban hechas de madera y, por lo tanto, hacen falta unas condiciones excepcionales para que se conserven durante miles de años y lleguen hasta nuestros días.
En general, de hecho, la mayoría de datos de que disponemos sobre el uso de propulsores y arcos no provienen del artefacto en sí sino de puntas de proyectiles que se han asociado por sus características, especialmente la medida. Esto, pero, es un problema porque, en general, quiere decir que con suerte son suposiciones muy fundamentadas. Al fin y al cabo, las flechas, los dardos y las jabalinas pueden tener medidas diferentes y, a menudo, sus rangos se superponen.

Un nuevo método ayuda a confirmar el uso de esta arma
Es por eso que los autores de este estudio crearon un método que combina las análisis balísticos y la mecánica de fracturas para comprender mejor qué tenían en las manos cuando observaban puntas de proyectil de hace 31.000 años. Así pues, hicieron un gran experimento construyendo réplicas de aquellos proyectiles y usándolos como lanzas de mano, como flechas y también con un propulsor. Después, examinando las fracturas de las puntas al chocar con el objetivo, se identificaron marcas características, que fueron comparadas con las que tienen las puntas del Paleolítico.
Así es como se ha encontrado una coincidencia excelente entre las marcas de los proyectiles lanzados con propulsor durante los experimentos y las puntas de 31.000 años encontradas al yacimiento, confirmando como se usaban. Además del que supone esto en la hora de atrasar el momento más antiguo de uso de esta tecnología que se ha encontrado, la manera de demostrarla puede suponer una nueva manera de conocer como se usaban armas antiguas, aplicando la técnica en los restos encontrados en otros lugares del mundo.

