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Presión para extender la vida de las nucleares con el argumento de la guerra de Irán

La energía nuclear lleva décadas en duda. Su potencial de suministro se contrapone con el riesgo que supone una instalación de este tipo para el medio ambiente e incluso para la salud humana en caso de accidente, tal como ocurrió con el desastre de la central nuclear de Chernóbil. Pero la energía nuclear ha vuelto a ser protagonista del debate energético desde el estallido de la guerra en Irán y el aumento del precio de la energía y los combustibles. Un informe de la auditora internacional Price Waterhouse Cooper (PWC) señala que el conflicto bélico en Oriente Medio ha hecho que el precio del gas natural que utilizan los ciclos combinados se haya llegado a duplicar, mientras que el precio del uranio se ha mantenido relativamente estable.

Ante esto, en declaraciones a la ACN, la presidenta de Foro Nuclear (la patronal del estado español de la industria atómica), Marta Ugalde, asegura que «ante la inestabilidad geopolítica, la necesidad de soberanía energética y los desafíos climáticos, la apuesta por esta tecnología es clara». «España no puede quedarse al margen y debe apostar por la continuidad de sus siete nucleares, que en combinación con las renovables, son imprescindibles y complementarias para garantizar un sistema energético seguro, sostenible y competitivo».

En Cataluña, Ascó y Vandellòs son las centrales de referencia. Unas centrales que tienen fecha de caducidad, ya que está previsto el cierre de Ascó I para 2030, el de Ascó II para 2032 y el de Vandellòs II para 2035. Unas fechas de cierre que se están debatiendo y que el supervisor de la central de Ascó y divulgador nuclear Alfredo García rechaza, alegando que las centrales nucleares pueden operar más allá de los 40 años de vida, una cifra que es el período «mínimo» para la amortización de la inversión. «Una central no caduca al cabo de 40 años, sino que puede funcionar muchos años más», asevera García, que considera un «error grave» que el gobierno de Pedro Sánchez quiera cerrar las nucleares. «Es muy importante que los países tengan una política energética seria, que no esté basada en ideología y que haya un importante consenso dentro de cada país», concluye.

Los ecologistas recuerdan que es un cierre «acordado»

En cambio, el coordinador de Energía de Ecologistas en Acción, Eloi Nolla, señala que el cierre del parque nuclear en el estado español no es una decisión arbitraria, sino que fueron «las mismas empresas eléctricas», junto con el gobierno español, las que acordaron el calendario de cierre. Según Nolla, el acuerdo fue «voluntario» por parte del lobby nuclear, ya que las centrales «envejecidas» necesitaban inversiones muy elevadas y la energía atómica «no resultaba rentable». El ecologista alerta que la propuesta de alargar la actividad de la central nuclear de Almaraz (Cáceres) es «una estrategia para ganar tiempo» para un cambio de gobierno en el estado español; una estrategia que según Nolla es «jugar a la ruleta rusa» porque “no hay ninguna central en el mundo que haya funcionado más de 50 años”. «Si explota una, nos llevaremos las manos a la cabeza y preguntaremos qué ha fallado», sentencia.

Imagen de archivo de la central nuclear de Chernóbil y el sarcófago que contiene la radiación del accidente nuclear | Michael Brochstein/ZUMA Press Wire/dpa EUROPA PRESS

Price Waterhouse Cooper asegura que es un «complemento al desarrollo renovable»

La carrera por las energías renovables ha hecho que la energía nuclear haya quedado relegada a un segundo plano por parte de la opinión pública y la política. Ante esta transición renovable, la auditora Price Waterhouse Cooper asegura que esta transición renovable debe ir acompañada de las energías nucleares y que son totalmente compatibles. «La nuclear no ha frenado el ritmo de desarrollo renovable. El problema ha sido el retraso de los permisos, la falta de capacidad de la red y la falta de demanda en horas solares», señala la auditora.

Según destacan desde Price Waterhouse Cooper, «el reto del desarrollo renovable se resuelve con más electrificación, más almacenamiento y más inversión en redes. Según este análisis, el cierre nuclear no es ninguna solución, y además encarece la factura eléctrica y aumenta las emisiones» y añaden que «cuanto menos nuclear entra en el mercado diario, más restricciones técnicas necesita el sistema. La nuclear aporta control de tensión e inercia».

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