La ampliación del aeropuerto de Barcelona es una de las grandes apuestas del gobierno de Salvador Illa esta legislatura y cuenta con el apoyo manifiesto del Ayuntamiento de Barcelona desde que Jaume Collboni es alcalde. Una apuesta que el observatorio DESCA –un centro de derechos humanos y laboratorio de ideas– denuncia que «las instalaciones previstas hace más de 25 años se saturan durante el período de verano y no son suficientes para absorber la tendencia de aumento del tráfico aéreo que se vive a escala planetaria». Pero, a la vez, alerta que «surge una pregunta fundamental: ¿la sociedad catalana debe adaptarse a las necesidades del aeropuerto o el aeropuerto debe adaptarse a las necesidades de la sociedad catalana? Ambas cosas son incompatibles».
Según señalan desde el observatorio, esta ampliación de la infraestructura catalana elevaría las emisiones de gases contaminantes un 8,2% en 2030 y un 21,8% en 2033. Los autores del estudio han analizado las emisiones del aeropuerto durante 2025 y lanzan un grito de alerta, ya que se ha mostrado un «incremento de 1.984.902 toneladas de dióxido de carbono respecto de 2016». «Los resultados muestran que llegar a los 62,2 millones de pasajeros en 2030 comportaría un aumento estimado de las emisiones del tráfico aéreo del 8,2% respecto de 2025; llegar a 70 millones de pasajeros en 2033, un incremento del 21,8%; y un eventual escenario de 80 millones de pasajeros, un aumento del 39,2%», destacan.

Barcelona, en ‘overbooking’ de CO₂
El trabajo de este observatorio lleva el nombre de Barcelona en overbooking de CO₂, y advierte que la ampliación del aeropuerto también pondría en duda la voluntad de cumplir con los compromisos climáticos y ecológicos impuestos desde Europa. De hecho, los autores del estudio alertan que esta ampliación supone que un sector como es el de la aviación gana protagonismo en Cataluña y destacan que es un sector que representa aproximadamente el 2,4% de las emisiones globales anuales de dióxido de carbono y que se calcula que provocó el 4% del calentamiento global del planeta en 2019. Además, el informe defiende que «no ampliar el aeropuerto tampoco significaría renunciar a la mejora de la conectividad de Cataluña». «Existen alternativas que permiten satisfacer las necesidades de movilidad reduciendo al mismo tiempo la dependencia de la aviación», concluyen los autores.
Expuestos a fenómenos climáticos extremos y un agravio para la salud
En el estudio también se expone que el cambio climático y el calentamiento global están situando el arco mediterráneo y Barcelona en una situación de debilidad, ya que están expuestos a las olas de calor, el aumento de la temperatura y del nivel del mar, los incendios forestales, las inundaciones o los episodios de precipitaciones extremas; unos episodios extremos que en los últimos años se han multiplicado y que suponen un grave riesgo para la salud humana.
Pero no es solo que la salud pueda verse afectada por el impacto de los fenómenos extremos, sino que, siempre según el estudio, la simple actividad de la infraestructura aeroportuaria y la turistificación que conlleva supone una vulneración de los derechos humanos como el derecho a la salud, el derecho a la vida privada y familiar, el derecho a la vivienda, el derecho a la movilidad, el derecho a unas condiciones de trabajo dignas, el derecho al agua, el derecho a la alimentación y a la soberanía alimentaria, el derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, o el derecho de acceso a la información y a la participación pública en materia de medio ambiente.
