La Comisión Ballenera Internacional (IWC) hizo pública, este pasado lunes, la primera alerta de extinción de su historia. Lo hizo para llamar la atención sobre la situación crítica en que se encuentra la vaquita mexicana, también conocida como marsopa de California (‘Phocoena sinus’), el cetáceo más pequeño que existe. Según los datos disponibles, solo queda una decena de ejemplares, de forma que podría desaparecer en cualquier momento.
Una especie que corre un peligro gravísimo
Con una longitud de como mucho un metro y medio, la ‘vaquita’, como es llamada por los mexicanos, vive en el extremo norte del golf de California y cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Natura la puso a la Lista Roja de Especies Amenazadas, el 1996, había molidos más ejemplares que no ahora. Hace solo una década, de hecho, todavía se habían contado 570.

La IWC define esta alerta de extinción como un «nuevo mecanismo» para manifestar «la preocupación por la posible extinción de un número cada vez más grande de especies y poblaciones de cetáceos». En el caso de las vaquitas, por ejemplo, casi treinta años de advertencias no han servido de nada y los animales han ido muriendo, ya fuera atrapados en redes de pesca ilegales o cazados porque su vejiga natatoria es muy apreciada por la medicina tradicional china.
Todavía hay esperanza para las vaquitas
Todo y la situación crítica de las vaquitas, pero, el comité científico del IWC cree que todavía podría recuperarse si se controlaran estrictamente las amenazas a que están expuestas. Estos animales, reconocen, «nos han sorprendido a todos» porque han conseguido mantener una población de aproximadamente 10 animales durante unos 5 años, una muestra de resiliencia que los hace pensar que, sin las redes de pesca ilegales, tendrían posibilidades de volver a proliferar.

Este año, de hecho, se observó la presencia de una cría de vaquita, cosa que hace pensar que los ejemplares supervivientes están en un buen estado de salud. En cuanto al temor habitual que una población tan pequeña cause endogamia y una acumulación de mutaciones peligrosas que hagan inviable la especie, la misma historia evolutiva de las vaquitas les juega a favor.
Durante los últimos 250.000 años, su población no ha pasado nunca de 5.000 ejemplares, según los cálculos de los expertos. En todo este tiempo las vaquitas, que viven unos 21 años, han ido reduïnt la variabilidad genética entre ellas y haciéndose menos susceptibles a mutaciones peligrosas que, en otros casos, han estado prácticamente el último clavo al ataúd de la especie.


