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Les posidonias al borde: el estrés térmico es una grave amenaza

Un nuevo estudio impulsado por investigadores del Instituto de Física Interdisciplinaria y Sistemas Complejos (IFISC-CSIC-UIB), el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Rey Abdalá (Arabia Saudita) lanza una alerta ante una situación medioambiental que puede ser dramática. Según los investigadores, el calentamiento prolongado «degrada» las praderas de posidonia oceánica incluso si las temperaturas se sitúan por debajo de los límites letales.

A través de la utilización de la inteligencia artificial y las imágenes de satélite de alta resolución, los autores del estudio han podido vincular la exposición térmica crónica con la pérdida de cobertura y el desgranamiento estructural de estas praderas marinas. De hecho, denuncian que sufren un «declive acelerado» en el cual el estrés térmico crónico supone un grave inconveniente y su acumulación puede causar grandes daños contra la estructura de las posidonias y «deteriorar y fragmentar» estas praderas, incluso cuando los termómetros se mantienen por debajo de sus límites críticos de supervivencia.

2100, punto de no retorno

En el estudio, los investigadores no solo han analizado el pasado de las posidonias y cómo está afectando el calor a su salud y a la del total del ecosistema marino mediterráneo. Los autores del estudio han proyectado la trayectoria que pueden seguir estas joyas del mar a través de diferentes escenarios climáticos del IPCC. En el cual hay unas emisiones moderadas, las praderas de posidonia perderán una cobertura media del 40% en 2100, mientras que en el caso de altas emisiones, la regresión se duplicaría y llegaría hasta el 80%.

Praderia de posidonia | Wikimedia Commons
Pradera de posidonia | Wikimedia Commons

«La pérdida de praderas continuas perjudica gravemente los servicios ecosistémicos esenciales», advierte Manuel Matías, investigador del IFISC y coautor del estudio, quien añade que esta pérdida de praderas puede tener una afectación muy amplia, ya que «un paisaje marino fragmentado se transforma en parches aislados, lo cual puede afectar negativamente la conectividad clonal, reducir la capacidad de retención de sedimentos y disminuir la exportación de oxígeno y la capacidad de secuestro de carbono».

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