La última edición del observatorio de bosques del Departamento de Agricultura deja una cifra impactante: más de un 10% de los árboles de Cataluña tienen un índice de defoliación –la pérdida prematura de hojas– superior al 40%, el umbral a partir del cual se considera que un espacio forestal comienza a estar debilitado. Esta situación se puede atribuir a la sequía del año pasado, que aún afecta a los bosques catalanes, y a fenómenos climatológicos extremos, pero también al abandono forestal. “Muchos de estos árboles se pueden recuperar, pero lo más importante es hacer una buena gestión para que puedan recuperarse de plagas autóctonas y exóticas”, solicita el jefe de la sección de sanidad forestal de Agricultura, Jorge Heras, en unas declaraciones recogidas por la ACN.
El mismo Heras reconoce que los bosques catalanes “están acostumbrados a una gestión forestal que se ha ido abandonando”, lo que ha reducido la vitalidad de los árboles. “Cuanto más vital es un bosque, más resiliente se vuelve y más fácil sobrevive a los cambios y adversidades”, destaca Heras. La gestión ausente de estos espacios se suma a los efectos de una climatología cada vez más virulenta. La sequía todavía se nota en las zonas boscosas, a pesar de las lluvias de este último año, que han llenado los embalses. También se ha registrado un aumento de los daños que generan los vendavales y las olas de calor.
Estos últimos efectos favorecen la aparición de plagas exóticas que se deben detectar de forma precoz para que no se extiendan. Los técnicos, a partir del estudio de las hojas, actúan con diligencia si notan cualquier tipo de presencia, como la oruga del boj, que se está expandiendo por el Pirineo. Esta mariposa no es un animal tóxico, aunque genera un gran impacto en los bosques. Heras destaca que la oruga del boj ya se considera una especie invasora en Cataluña.

Prevención de los incendios
El abandono forestal también supone un peligro de cara a la prevención de incendios, tal como advierten los bomberos y los agentes forestales. Cataluña ha tenido que enfrentar este año incendios de sexta generación, que superan la capacidad de extinción de los agentes, y la única opción viable para frenar su impacto en el futuro implica apostar por un cambio cultural que mejore el tratamiento forestal. En este sentido, la inversión en terrenos agrícolas es importante. El terreno forestal ha ganado espacio con los años y ya representa dos tercios del país. En este sentido, los especialistas piden invertir en el mundo rural, especialmente en la agricultura, para crear cortafuegos naturales que ayuden a sofocar futuros incendios.
