Un nuevo estudio publicado por el Institut de Recerca Sanitària Illes Balears (IdISBa) y del área CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), en colaboración con personal investigador de las áreas CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) y de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), alerta que lo que respiramos diariamente puede suponer un gran problema para nuestra salud. Pero, a diferencia de otros estudios, este no habla del sistema respiratorio, sino que la afectación se produce en el sistema endocrino.
A través del análisis de datos de más de 1.400 participantes -la mayoría provenientes de Pamplona, León, Palma, Reus y Barcelona- en el ensayo, las autoras del estudio pudieron evaluar la exposición a los principales contaminantes atmosféricos, como las partículas finas (PM2.5) o el dióxido de nitrógeno (NO2), y las relacionaron con las composiciones corporales obtenidas de las densitometrías óseas de los participantes. Los resultados del estudio mostraron que aquellas personas que estaban expuestas a concentraciones más elevadas de contaminantes presentaban un incremento mayor de la masa de grasas. En el estudio destacan que es necesario impulsar «políticas públicas que reduzcan la exposición a contaminantes atmosféricos y promuevan entornos más saludables, especialmente en áreas urbanas, donde los niveles de contaminación suelen ser más elevados».
Entre las ciudades estudiadas, Barcelona fue la que registró una concentración más alta de contaminantes atmosféricos y, por lo tanto, también se notaron estas alteraciones en la acumulación de grasa y la pérdida de masa magra. La doctora Ariadna Curto, primera autora del estudio, señala que «el carbono negro, un claro marcador del tráfico urbano, fue el contaminante con más impacto: vivir en zonas con niveles más elevados se asoció con una pérdida de casi un kilo de masa magra en tres años». Curto añade que los datos registrados muestran «la importancia de considerar la contaminación atmosférica como un factor ambiental que puede influir en la salud metabólica».

La relación entre la contaminación y el exceso de peso
Esta concentración de contaminantes atmosféricos está asociada a un incremento más elevado de la masa grasa, pero no solo eso, sino que durante tres años de seguimiento el impacto de los contaminantes conlleva más pérdida de masa magra, unos cambios que según destacan las autoras del estudio tienen una gran importancia porque estas alteraciones en la acumulación de grasa y la pérdida de masa magra pueden estar vinculadas a un riesgo cardiometabólico mucho más elevado, sobre todo en aquellas personas que tienen un sobrepeso evidente.
La doctora Daura Romaguera, última autora del estudio, señala que es «uno de los primeros en analizar esta asociación para la grasa visceral, la que se acumula en la cavidad abdominal» y alerta que «el efecto solo fue evidente en participantes menores de 65 años, lo que sugiere que los contaminantes podrían favorecer una acumulación mayor de grasa visceral en adultos más jóvenes, cuyo tejido adiposo aún tiene capacidad de crecer».
Además, las autoras piden que el estudio demuestra que se necesitan nuevos estudios con datos longitudinales en los que los científicos puedan evaluar precisamente «el rol de la acumulación de la grasa visceral y de la pérdida de masa magra en poblaciones metabólicamente vulnerables como la estudiada».
