El cambio climático es una realidad palpable en Cataluña y está afectando una de las joyas de la corona del país como son los Pirineos. El último estudio impulsado por el Servicio Meteorológico de Cataluña (METEOCAT) muestra una realidad preocupante, ya que en los Pirineos se pierden tres días de helada -cuando la temperatura mínima se sitúa por debajo de los 0 grados- cada década.
Los datos del Meteocat preocupan, porque no solo se están perdiendo días de helada, sino que los días de verano -aquellos en los cuales la temperatura máxima supera los 25 grados- en los Pirineos también están aumentando y cada década hay 4,9 días de verano más. Unas cifras que suponen que desde el año 1950 los Pirineos han perdido 20 días de heladas mientras que los días de verano han aumentado y los Pirineos ya suman 32 días extra por encima de los 25 grados. “Actualizamos y analizamos cada año unos indicadores climáticos concretos y se dibuja una clara tendencia hacia un clima pirenaico más cálido en todo su conjunto y, en la vertiente sur, más seco”, alerta Jordi Cunillera, jefe del equipo de cambio climático del Meteocat.
Un aumento continuo en los últimos 50 años
De hecho, el Meteocat alerta que desde 1959 la temperatura ha aumentado 1,9 grados y hasta 2,7 grados en verano, con un incremento constante de las noches tropicales. Desde el Servicio Meteorológico de Cataluña alertan que también se ha registrado un aumento de la temperatura del agua de los lagos del Pirineo, la duración de las ráfagas cálidas (días consecutivos con una temperatura máxima extremadamente elevada) y disminuye la duración de las rachas frías (días consecutivos con una temperatura mínima extremadamente baja). En el caso de los lagos destacan que la temperatura del agua superficial ha aumentado casi medio grado durante los últimos 10 años.

En declaraciones hechas a la ACN, Blas Valero, investigador del IPE-CSI que ha participado en el análisis, alerta que «estamos ante un aumento de las olas de calor lacustres y una reducción del período durante el cual los lagos están cubiertos de hielo, con cambios en la columna de agua que pueden provocar episodios de anoxia, una situación que altera gravemente los ecosistemas».
