El 2025 fue un año infernal para el continente europeo. El nuevo informe anual del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) -gestionado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial- alerta que el 2025 en Europa fue un año infernal en el que el Viejo Continente sufrió olas de calor e incendios “sin precedentes”, sequías prolongadas y una pérdida de masa glacial, un balance dramático para el medioambiente europeo.
El informe, sin embargo, sí que invita al optimismo al destacar un avance en la transición energética, ya que las energías renovables representaron el 46,4% de la electricidad en Europa con la energía solar rompiendo sus récords históricos y cubriendo el 12,5% de la demanda energética.
Un año infernal
El informe de Copernicus alerta que durante el 2025 los incendios forestales arrasaron cerca de 1.034.550 hectáreas, una superficie quemada que supone la cifra más alta jamás registrada en el Viejo Continente, afectando a países como el Reino Unido, Alemania o el Estado español. Unos incendios que causaron al menos tres muertos y afectaron a unas 500 personas, unos datos motivados por la alta tasa de calentamiento de Europa, que es la región del mundo que más rápido se está calentando y que se combinó con olas de calor “sin precedentes”. Un calentamiento que no se vivió solo en la superficie, sino que también se reprodujo en el mar, con un 86% de la región oceánica europea sufriendo fuertes olas de calor marinas que han provocado que se registrara la temperatura superficial del mar más alta de la historia.

Los investigadores destacan que en el 95% del territorio europeo se registraron temperaturas anuales superiores a la media y se sufrieron olas de calor muy cercanas a las más duras de la historia; de hecho, dos de las olas de calor sufridas se han situado entre las 30 más graves registradas jamás en el continente. Los investigadores ponen como ejemplo la ola de calor que azotó al Estado español a principios de agosto, una ola de calor que fue la más intensa y grave desde 1975. Unos hechos que también coincidieron con un año especialmente violento en lo que respecta a los fenómenos climáticos, ya que las grandes tormentas e inundaciones provocaron 21 víctimas mortales y afectaron a cerca de 14.500 personas, aunque este tipo de fenómenos fueron menos generalizados que en años anteriores.
