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Presentan la ‘inteligencia organoide’, bioordenadores basados en el cerebro

En el que podría ser el inicio de un nuevo campo de la ciencia y la tecnología, un equipo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins, en los Estados Unidos, presentaron hace pocos días la ‘inteligencia organoide’ (IO), la posibilidad de crear bioordinadors basados en el funcionamiento del cerebro y operados por neuronas humanas. En un artículo publicado a ‘Frontiers in Science’, explican cuál es su plan y qué son las bases de esta nueva forma de ordenadores que parecen de ciencia ficción y que, si se convirtieran en realidad, podrían cambiar el futuro.

Cultivos de tejidos humanos para la experimentación científica

Se conocen como organoides los tejidos cultivados en el laboratorio que parecen órganos reales. Son estructuras tridimensionales que normalmente se crean a partir de células madre y que hace unas dos décadas que se usan, especialmente para evitar hacer experimentos peligrosos en los riñones, pulmones y otros órganos tanto de animales como en humanos. Si bien a día de hoy los cerebros organoides son cultivos de neuronas muy pequeños, se ha demostrado que pueden llevar a cabo funciones propias de la organ original y que forman muchas conexiones entre ellas.

Las neuronas productoras de dopamina han resultado tener varios subtipos, uno de los cuales es especialmente vulnerable al Parkinson | Pixabay
Cultivar neuronas y usarlas como ordenadores, una propuesta que parece de ciencia ficción | Pixabay

Un cerebro organoide, la base de unos nuevos ordenadores

Es precisamente esta posibilidad la que abre la puerta a que estos pequeños organoides, de la medida de la punta de un bolígrafo, lleven a cabo funciones como por ejemplo recordar e incluso aprender y, por lo tanto, que sean la base de un nuevo tipo de ordenadores. A día de hoy, la computación tradicional y la inteligencia artificial están llegando a niveles que parecían impensables hace pocas décadas, pero hay un límite a su capacidad y los bioordinadors podrían ser la solución, compactando el poder de computación y aumentando la eficiencia más allá del que ahora es tecnológicamente posible.

Prestaciones y eficiencia muy superiores

Los autores de este estudio empezaron a crear organoides de cerebro el 2012 y, ahora, trazan un plan para convertirlos en ordenadores que, en el futuro, podrían sustituir los tradicionales, que tienen un consumo energético enorme y que, por su omnipresencia, suponen un lastre en este sentido. Además, si bien un ordenador electrónico es mucho más rápido que un humano en la hora de hacer cálculos y procesar datos, un cerebro es mucho mejor en la hora de tomar decisiones lógicas complejas.

De hecho, el junio del año pasado se consiguió, por primera vez, que un ordenador tuviera más capacidad de computación que un cerebro humano, pero usando un millón de golpes más energía, invirtiendo 600 millones de dólares y construyendo una instalación de 2.000 metros cuadrados. El margen de mejora, pues, es enorme.

Lo superordinador MareNostrum 4, en el Barcelona Supercomputing Center | ACN
Un cerebro organoide podría superar con facilidad la capacidad y las prestaciones de un superordinador | ACN

Una nueva vía para la computación y también para la medicina

Todavía quedan décadas pero porque la IO sea capaz de construir un sistema con la inteligencia de un ratón. Sin embargo, los investigadores están convencidos que aumentando la producción de cerebros organoides y entrenándolos con inteligencia artificial, se podrá conseguir una velocidad de computación más alta, más poder de procesamiento, más eficiencia en el tratamiento de datos y una capacidad de almacenamiento también superior. Para hacerlo, pues, piden que se empiece a invertir en este tipo de investigaciones.

La IO, además, también podría ser muy útil en la hora de probar medicamentos contra problemas neurológicos y neurodegenerativos, comparando como se desarrollan los basados en donantes neurotípicos con los que se basan en donantes con personas que sufren algunos trastornos, por ejemplo. Así, a la vez que se desarrolla la computación biológica se podrían entender las diferencias en las redes neuronales, consiguiendo adelantos médicos muy importantes.

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