Un nuevo estudio internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF), el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, la Universidad de Harvard y la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) y publicado en la revista Cell muestra la fuerza de la romanización en la península Ibérica.
Los investigadores señalan que «el dominio romano transformó Iberia en un mosaico poblacional genéticamente diverso, con una amplia presencia de ascendencia procedente del Mediterráneo oriental y del norte de África. Las élites del periodo posterior a las migraciones suevas, alanas y visigodas introdujeron ascendencia centroeuropea sin provocar un cambio demográfico significativo», lo que supone que la romanización no solo fue la conquista de territorio y la instauración de infraestructuras y un modo de vida romano, sino que también fue el asentamiento de la genética romana.
Los autores del estudio han reconstruido la genética de la península entre los siglos I y VIII después de Cristo a partir del análisis de 243 genomas antiguos procedentes de 31 yacimientos arqueológicos de todo el territorio catalán y muestra que la llegada de los romanos supuso un cambio mucho más destacado en la composición genética en comparación con las migraciones a la península de los suevos, alanos o visigodos.
Roma fue un cambio, las otras sociedades impactaron menos
La llegada de los romanos cambió para siempre lo que conocemos como península Ibérica. Infraestructuras que aún hoy perduran y que muestran el impacto que tuvieron los romanos en lo que después sería Cataluña y el resto de la península Ibérica. Carles Lalueza-Fox, actual director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, corresponsable del estudio e investigador principal del IBE (CSIC-UPF), señala que “la romanización no fue únicamente una transformación política, lingüística y cultural. Nuestros datos muestran que también supuso una gran transformación demográfica, que conectó a las poblaciones locales con movimientos humanos originados en diversas partes del Mediterráneo”, explica Carles Lalueza-Fox, actual director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, corresponsable del estudio e investigador principal del IBE (CSIC-UPF).
En cambio, a partir del siglo V el estudio identifica que se detectaron individuos con ascendencia de la Europa central y septentrional derivados de las migraciones postromanas una vez caído, o en proceso de caída del Imperio Romano. Según destaca Pablo Carrión, primer autor del estudio, anteriormente doctorando en el IBE (CSIC-UPF) y actualmente investigador postdoctoral en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, «Roma creó una sociedad extraordinariamente diversa mediante movimientos de población a través del Mediterráneo. Las migraciones posteriores introdujeron nuevas ascendencias, pero su impacto demográfico fue mucho menor».

Una romanización que no se vio afectada por la llegada de migraciones postromanas las cuales, en cambio, sí impactaron con fuerza en territorios como Britania o los Balcanes. “La historia genética de la península Ibérica es diferente de la de otras regiones de la Europa postromana. Encontramos migraciones y nuevas ascendencias, pero no una sustitución de la población ni un impacto demográfico a gran escala”, concluye David Reich, investigador principal de la Universidad de Harvard y corresponsable del estudio.
