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La presión turística cambia los hábitos de los barceloneses

Barcelona es una de las ciudades más saturadas por la actividad turística de todo el mundo. Y, según un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) publicado en la revista Tourism Planning & Development, la presión turística ha cambiado los hábitos de los barceloneses. A través de 44 entrevistas a pie de calle a diversos vecinos y vecinas, han podido constatar que el impacto del turismo obliga a cambiar cómo se mueven los barceloneses y cómo acceden a sus servicios.

En el estudio los investigadores señalan que muchos vecinos y vecinas han incorporado estrategias durante su día a día para evitar la masificación y la congestión que provocan las grandes masas de turistas. Entre las medidas que toman estos vecinos, hay cambios de ruta para evitar plazas o calles invadidas por los visitantes, modificación de los horarios para ir de compras y la elección del horario para ir a la playa en las horas de menos masificación turística, entre otras. Aaron Gutiérrez, investigador del Departamento de Geografía que ha participado en la investigación, alerta que “algunos espacios que antes eran percibidos como lugares de vida comunitaria pasan a ser vividos como territorio turístico, es decir, zonas orientadas sobre todo al consumo de los visitantes y menos a las necesidades cotidianas de quienes viven allí”.

Un impacto que va más allá de los barrios y de las sensaciones de los vecinos

Según detallan los investigadores, el impacto del turismo no es igual en toda la ciudad. Los efectos del sobre-turismo también dependen de las condiciones sociales y personales de los vecinos, y afectan especialmente a las personas mayores, las que llevan más tiempo viviendo en el barrio o las que tienen responsabilidades como hijos, ya que son los colectivos que más detallan verse afectados por la presencia del turismo. Por ejemplo, barrios como la Sagrada Familia o la Barceloneta presentan una concentración turística mucho más concentrada en lugares específicos, mientras que en otros barrios, como el Gòtic –de donde Toni Soler acaba de anunciar que se marcha después de vivir allí dos décadas–, la presencia turística es mucho más extensa aunque sea menos densa en zonas concretas.

Palomas en la plaza Cataluña / Ayuntamiento de Barcelona

En el estudio, los autores también detallan que la presencia masiva de turistas también cambia las percepciones vecinales del espacio público, ya que detallan una pérdida de confort y de inseguridad por las masas de turistas, ya que muchas veces no solo se trata de la presencia de los turistas, sino que también afecta cómo se desplazan -muchos en vehículos de movilidad personal de alquiler y, a menudo, sin respetar el código de circulación- y en la actividad que atraen, porque su presencia en el espacio público transforma espacios vecinales que tejían red en zonas de paso y aumentan los hurtos o pequeños delitos en zonas especialmente concurridas.

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