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Estudian como se adaptaron los humanos a vivir en la meseta del Tíbet

Un equipo de investigadores liderados por la Academia China de Ciencias ha estudiado la manera como, durando los últimos 5.000 años, los habitantes de la meseta del Tíbet y sus descendentes se han adaptado a vivir en la región habitada más elevada del planeta. Sus resultados, publicados en la revista ‘Science Advances’, son fruït de haber secuenciado docenas de genomas antiguos de la región, para ver de donde venían y como se adaptaron a vivir en tanta altura.

Un entorno extremo pero habitado desde hace miles de años

La meseta del Tíbet, en el norte del Himalaya, ocupa 2,5 millones de kilómetros cuadrados. Todo y su altura y su clima muy frío y seco, los humanos han vivido desde hace miles de años. Incluso los denissovans, los parientes de los humanos modernos y los neandertales, vivieron hace unos 160.000 años, y también hay herramientas de piedra de hace entre 30.000 y 40.000 años que muestran que la presencia en la región ha sido relativamente habitual desde hace mucho de tiempo.

La mandíbula de denissovà encontrada a la meseta del Tíbet, con partes reconstruidas por ordenador | Jean-Jacques Hublin
Mandíbula de denissovà encontrada a la meseta del Tíbet, con partes reconstruidas por ordenador | Jean-Jacques Hublin

La presencia permanente, pero, ha sido motivo de debate, como también lo ha sido su origen. Al fin y al cabo, solo hay registros históricos desde hace 2.500 años si bien, basándonos en otros restos encontrados, parece que podría haber vivido gente de manera ininterrumpida desde hace 7.400. Para resolver las preguntas pendientes, los investigadores secuenciaron el genoma de los restos de 89 individuos de entre hace 5.100 y 100 años desenterradas de 29 yacimientos diferentes.

Revelaciones sobre la antigüedad y el origen de los tibetanos

El estudio confirma que la ocupación permanente de la región es muy anterior a los registros históricos, pero también muestra una imagen compleja sobre el origen de los primeros tibetanos y como sus interacciones en la región y con sus vecinos acabaron desembocando en sus genes actuales. Así, se han encontrado relaciones muy estrechas con los tibetanos, los sherpas y los qiang que, a día de hoy, viven a la meseta o en zonas muy próximas.

Los habitantes del Tíbet son descendentes de poblaciones llegadas hace miles de años y que han recibido influjos migratorios de zonas próximas
Los habitantes del Tíbet son descendentes de poblaciones llegadas hace miles de años y que han recibido influjos migratorios de zonas próximas

Otra diferencia es que, a diferencia de India y el resto del subcontinente, que fue colonizado por inmigrantes de Asia Central y del este de Eurasia, los antepasados de los tibetanos actuales llegaron del nordeste del continente. Además, su genoma muestra influjos frescos de genes que apuntan que se produjeron varias llegadas de inmigrantes de las zonas bajas del este de Asia. Una relación que, además, también se había observado en restos de cerámica y otros elementos culturales.

Una variante genética que los adapta en la vida a las alturas

Más allá de esto, pero, el genoma de los tibetanos también muestra adaptaciones al entorno. Así, por ejemplo, tienen una versión del gen EPAS1 que los permite vivir mejor en entornos con una concentración menor de oxígeno y que, además, se cree que tiene su origen en los denissovans. Además, los investigadores han podido ir resiguiendo el aumento de la prevalencia de esta variante a través del tiempo, pasando del 34% de hace 2.500 años al 86% actual. Un ejemplo de selección natural muy rápida.

El gran misterio pendiente, pero, es cuando debía de aparecer esta variante. Quizás, si en el futuro se descubren restos humanos más antiguas, se podrá resolver.

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