Un equipo de paleontólogos ha anunciado el descubrimiento, en un yacimiento del norte de China, de dos especies de lampreas extinguidas que se alimentaban de carne. Según explican en un artículo publicado en ‘Nature Communications’, estos animales, que vivieron hace 160 millones de años, al mismo tiempo que los dinosaurios, no consumían sangre como sus parientes actuales y, además, eran sorprendentemente grandes.
Los ejemplares más antiguos en que se ha identificado una preferencia alimentaria
Las lampreas modernas tienen una boca llena de dientes adaptada tanto para comer carne como para beber sangre. El análisis de los restos fósiles de los dientes y del resto del aparato alimentario de los fósiles descubiertos, pero, apunta claramente a una alimentación únicamente de carne. Así, son los ejemplares más antiguos que se han encontrado nunca donde se ha podido identificar una preferencia alimentaria, por el parecido de los dientes de ambas especie con las lampreas del hemisferio Sur, que también se alimentan de carne.

La más grande de las dos especies, la ‘Yanliaomyzon occisor’, hacía unos 64 centímetros de longitud mientras que la segunda, ‘Y. ingensdentes’, era más pequeña. En comparación, las lamprees actuales tienen una variedad de medidas muy grande, que va de los 15 centímetros las más pequeñas hasta los 120 centímetros las más largas.
Un hallazgo poco habitual
Estos vertebrados sin mandíbula, que existen desde hace unos 360 millones de años, normalmente no se fosilizan bien, y es por eso que lo registre fósil tiene unos vacíos tan grandes en cuanto a su historia evolutiva, su ecología y la manera como se desarrollaron sus hábitos alimentarios.
Una evolución sorprendente
Al parecer, los primeros miembros de la familia no eran depredadores tan agresivos sino que eran animales más pequeños y sin unos dientes tan poderosa. Además, tampoco no tenían el ciclo vital que las distingue a día de hoy, con una etapa larvaria en que se alimentan filtrante agua, una etapa juvenil en que son parásitos y una adulta en que se reproducen.
De estos nuevos fósiles, pero, se desprende que, cuando menos en el periodo Jurásico, ya se habían convertido en depredadores de una medida considerable y con una adaptación notable para alimentarse.
