El entorno familiar es uno de los aspectos que más influyen en la construcción de la personalidad y las relaciones interpersonales de los humanos. Un entorno familiar que tiene un impacto aún más destacado durante los primeros años de vida y la infancia, cuando los niños comienzan a formarse junto con las primeras etapas educativas.
Un nuevo estudio del Instituto Karolinska, en Suecia, muestra que aquellos niños que crecen en una situación familiar difícil están expuestos a desarrollar problemas mentales graves, dificultades escolares o un aumento de la propensión a la conducta delictiva en el futuro. Los investigadores estudiaron parejas de hermanos del país, de los cuales uno fue adoptado por una familia que estaba en alto riesgo, mientras que el otro hermano seguía con los padres biológicos, siguiendo a 12 000 hermanos y hermanastros nacidos entre 1950 y 1980. Una muestra en la que participaron niños que al menos tenían uno de los progenitores con algún tipo de problema psiquiátrico o social, como enfermedad mental, delincuencia o intento de suicidio, y donde al menos un niño había sido dado en adopción antes de los diez años.
Resultados intergeneracionales
Los resultados del estudio muestran que aquellos niños que fueron adoptados tenían un menor riesgo de desarrollar enfermedades mentales, caer en conductas delictivas o desarrollar dependencia de prestaciones sociales en la edad adulta en comparación con los hermanos que permanecieron con los padres biológicos. Una adopción que también implicaba que los niños obtenían mejores resultados y terminaban obteniendo un nivel educativo más alto en el futuro. Además, los investigadores señalan que estos niños adoptados y en un entorno familiar más estable y con más recursos también tenían un mejor rendimiento en el servicio militar obligatorio.

Uno de los aspectos que más destacan los investigadores es que el impacto del entorno familiar puede atravesar las generaciones, ya que también analizaron si las diferencias producidas por estos entornos se transmitían entre generaciones, y por ello estudiaron cerca de 22.000 hijos de las parejas de hermanos. Según los resultados del estudio, los hijos de los hermanos adoptados por familias más estructuradas y que generaban un mejor entorno familiar mostraban una mejor respuesta que sus primos, y estaban expuestos a un menor riesgo de delincuencia y problemas económicos; aunque los resultados fueron positivos, se perdía ‘efectividad’ entre generaciones. “Esto sugiere que la mejora de las condiciones de vida beneficia no solo al individuo, sino también a la próxima generación”, señaló el profesor asociado del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska Erik Pettersson. “Nuestro estudio demuestra que un entorno doméstico más favorable puede marcar una gran diferencia, especialmente para los niños que comienzan la vida con claros factores de riesgo”, sentencia.
