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Encuentran una de las razones del dolor articular humano

Un nuevo estudio impulsado por científicos del Instituto Weizmann (Israel), de la Universidad de Kyoto, en colaboración con el laboratorio del investigador de ICREA de la UPF Tomàs Marquès-Bonet en el Instituto de Biología Evolutiva señala que el dolor articular podría tener un origen ancestral y no sería un defecto de los humanos sino que es una característica producida por la evolución de la especie, ya que «las articulaciones humanas sufrieron un cambio evolutivo drástico que las hizo más elásticas, pero también más propensas a enfermedades esqueléticas». Una evolución que hizo que los cartílagos fueran menos densos porque un grupo entero de genes responsables de producir glicosaminoglicanos (GAG) es menos activo que en otros grandes simios.

A través del estudio de células híbridas de humano y chimpancé y de técnicas genómicas avanzadas, los investigadores pudieron comprobar que «en comparación con los chimpancés, los humanos son más propensos a sufrir afecciones como la artrosis, una de las principales causas de discapacidad y de reducción de la calidad de vida, que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo», un hecho motivado porque las articulaciones de los grandes simios no han experimentado cambios significativos en los últimos años mientras que en el caso de los humanos han evolucionado constantemente.

«A diferencia de las articulaciones de otros grandes simios, cuya composición no ha cambiado durante millones de años, las articulaciones humanas sufrieron un cambio evolutivo dramático», señala David Gokhman, del Instituto Weizmann de Ciencia y colíder del estudio. Fumitaka Inoue, de la Universidad de Kyoto y también codirector de la investigación, añade que «ese cambio hizo que nuestras articulaciones fueran menos eficaces a la hora de absorber los impactos y nos expuso a enfermedades esqueléticas –incluyendo la artrosis, la degeneración de los discos espinales y las hernias discales–, que son poco habituales en otros grandes simios, incluso en aquellos que llegan a la vejez».

Las deportistas indicaron que las molestias articulares y musculares, aumento de peso, problemas de sueño y agotamiento físico y mental eran los síntomas menopaúsicos que afectaban más negativamente sus entrenamientos y rendimientos deportivos | Pixabay
Las deportistas indicaron que las molestias articulares y musculares, aumento de peso, problemas de sueño y agotamiento físico y mental eran los síntomas menopaúsicos que afectaban más negativamente sus entrenamientos y rendimientos deportivos | Pixabay

Una diferencia desde el nacimiento

Los autores del estudio elaboraron un atlas con las características reguladoras genómicas de los esqueletos humanos y de los simios y pudieron descubrir que en el caso de los humanos los cartílagos eran menos densos con aproximadamente un tercio de la cantidad de material GAG porque un grupo entero de genes responsables de producir glicosaminoglicanos es menos activo que en otros grandes simios. «Sin una gran cantidad de GAG, el cartílago es más delgado, menos elástico y menos capaz de amortiguar las fuerzas generadas por el movimiento cotidiano. Los huesos comienzan a rozarse entre sí, lo que prepara el terreno para la artrosis», concluyen los investigadores.

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