Los mosquitos son de los insectos más comunes, y molestos, de la Tierra. Su presencia, sin embargo, está ligada a unas condiciones ambientales muy concretas, sin las cuales su existencia se ve seriamente amenazada. Hasta ahora, los países del Ártico eran el ‘refugio helado’ del mundo, ya que las características ambientales de los países no eran favorables a la presencia de los mosquitos, unas características que en las últimas décadas han cambiado debido al cambio climático y han abierto la puerta a la llegada de los mosquitos.
Un nuevo estudio, impulsado por Amanda M. Koltz, de la Universidad de Texas en Austin, y Lauren Culler, del Dartmouth College, publicado en la revista científica Science muestra cómo la detección de mosquitos se ha disparado al norte de Reykjavík, la capital de Islandia, un hecho que supone que su presencia no es un hecho aislado, sino que es la muestra de un cambio profundo en el clima y las características medioambientales de los países del Ártico. «Los artrópodos, que incluyen mosquitos, arañas y otros insectos, constituyen el grupo animal con biodiversidad más alta del Ártico. Estos pequeños organismos, a menudo ignorados, ejercen funciones clave en los ecosistemas», destacan las autoras del estudio, quienes señalan que «sus poblaciones, distribuciones y patrones de actividad son determinados por las condiciones ambientales, lo que los convierte en indicadores sensibles del cambio ecológico y, cada vez más, en impulsores de este cambio».
Un seguimiento complicado y un impacto destacado
Las investigadoras advierten, sin embargo, que a pesar de que se sabe lo que supone la expansión de este tipo de animales, su seguimiento es complicado, ya que «los artrópodos rara vez se monitorean de manera sistemática, lo que deja una importante laguna en la comprensión de cómo están cambiando los ecosistemas terrestres del Ártico». Para las autoras del estudio, la falta de un sistema de monitoreo coordinado de artrópodos en el Ártico supone que no se puedan anticipar los movimientos de la especie ni los cambios en el medio ambiente, ya que no se recogen datos -o no se recogen suficientes- y hace que se imposibilite establecer en qué zonas se está expandiendo más este tipo de animal, qué zonas están más expuestas o qué poblaciones humanas se encuentran en el camino y que se pueden ver afectadas por la expansión de los artrópodos.
«Los nuevos mosquitos de Islandia nos recuerdan que, si bien los artrópodos árticos pueden ser pequeños, su papel ecológico es inmenso. Su llegada anuncia una ola de cambios biológicos más amplia, evidentes, pero probablemente aún imperceptibles. La cuestión no es si habrá una nueva sorpresa, sino si podremos detectarla, interpretarla y actuar en consecuencia antes de que sea demasiado tarde», afirman las autoras del estudio.

El impacto de la llegada y expansión de los mosquitos no es un problema cualquiera y afecta gravemente a todos los niveles, humanos, animales y ecosistemas. El cambio climático, el que motiva su expansión, también afecta a otras especies y la supervivencia de estas. «El Ártico se calienta cuatro veces más rápido que la media mundial. La nieve se derrite antes, los veranos son más largos y las perturbaciones como los incendios forestales son cada vez más frecuentes», advierten las autoras del estudio, quienes señalan que son unos cambios que «están transformando las condiciones que rigen la vida de los artrópodos, con consecuencias ya visibles tanto en sistemas naturales como gestionados». «Estos cambios sustanciales en la vegetación pueden alterar el ciclo de nutrientes, la reflexión solar por las superficies terrestres y las temperaturas del suelo, de maneras que aceleran el deshielo del permagel, un resultado que desestabiliza el suelo y desencadena la liberación de gases de efecto invernadero y microbios potencialmente peligrosos», sentencian.
