Durante la Edad Media los Zanj, un grupo de esclavos provenientes de África, construyeron un gran sistema de canales que abarcaba casi 800 kilómetros cuadrados y que se utilizaba para regar la agricultura cerca de la ciudad de Basora. Aunque ya no se utilicen, sus restos aún son bien visibles en el actual Irak. Uno de los aspectos que más destacan son las cerca de 7.000 crestas artificiales que se ven a simple vista y que hasta ahora nadie se había preguntado si fueron construidas durante la rebelión de los Zanj en el siglo IX.
Un nuevo estudio parece proporcionar información sobre su construcción y su relación con la revuelta de los Zanj. Para poder descubrir si fue construido durante esta rebelión, un grupo de investigadores recolectó y dató muestras de suelo de cuatro de las crestas y utilizó la datación por luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), una técnica que sirve para estimar cuándo el suelo estuvo expuesto por última vez a la luz solar. Los resultados de la investigación muestran que se construyeron en algún momento entre finales del siglo IX y mediados del siglo XIII d.C., un hecho que podría coincidir con la rebelión de los Zanj, tal como se recoge en la revista científica Live Science. Peter J. Brown, primer autor del estudio y arqueólogo del Instituto Radboud de Cultura e Historia en los Países Bajos y la Universidad de Durham en el Reino Unido, explica que «la estrecha datación entre algunas de las crestas y la época de la rebelión hace muy probable que quienes participaron en ella contribuyeran a la creación de algunas de estas características».

La rebelión de los Zanj
Hace cerca de 1.200 años, en Irak habitaban los Zanj, unos esclavos provenientes de África. Entre el 869 y el 883 d.C., cuando Irak formaba parte del Califato Abasí (750-1258 d.C.), estos esclavos se alzaron contra sus amos y desestabilizaron la región, según indican textos históricos. De hecho, no habría sido la única insurrección de los Zanj, ya que varios textos documentales señalan que 200 años antes, entre el 689 y el 690 y entre el 694 y el 695, ya se habían rebelado contra su esclavitud. Ambas rebeliones, sin embargo, fueron rápidamente sofocadas y no fue hasta la tercera revuelta, la del siglo IX, que su insurrección se mantuvo en el tiempo obligando a los gobernantes de entonces a reprimir con fuerza los levantamientos. De hecho, el estudio señala que esta tercera revuelta fue extremadamente importante porque terminó «desencadenando más de una década de disturbios hasta que el Califato Abasí recuperó el control de la región».
