Un nuevo estudio realizado por el Centro de Estudios de los Ríos Mediterráneos (CREM) de la UVic-UCC por encargo del Consorcio del Ter y la Diputación de Barcelona alerta que las presas pueden ser un enemigo del ecosistema. Los autores del estudio señalan que el curso fluvial del Ter a la altura de Osona está «gravemente afectado» por la presencia de presas que «ponen en riesgo la biodiversidad».
Durante su estudio, los autores han analizado cerca de 66 kilómetros y, en total, han llegado a identificar hasta 32 obstáculos, la mayoría de los cuales eran presas, con una densidad media de un obstáculo cada 512 metros. Además, destacan que el 67% de los obstáculos tienen una conectividad deficiente, lo que hace que el movimiento natural de los peces y los sedimentos a lo largo del río acabe impedido o gravemente alterado. Marc Ordeix, coordinador del CERM, señala que como sociedad “estamos muy acostumbrados a las presas como parte del paisaje del río Ter y nos resulta difícil entender su impacto ambiental. Por eso, es necesario ser lo suficientemente valientes para derribar algunas y hacer pequeñas modificaciones al resto para hacerlas más sostenibles.”
Los peces, los daños colaterales
Los autores del estudio advierten que estos obstáculos suponen una amenaza para el ecosistema, ya que tienen un impacto en la conservación de las especies de peces autóctonos, porque algunos de estos están en un estado vulnerable o amenazado. Los obstáculos hacen que la conectividad del río dificulte notablemente el ciclo de vida de estos peces, «como son las migraciones para su reproducción o alimentación, y contribuye a la degradación global de los ambientes fluviales».
Para combatir esto, en el estudio se propone que se derriben los obstáculos en desuso y se mejoren los dispositivos de paso para peces que ya existen en el tramo del Ter analizado. Además, solicitan que se construyan veinticuatro rampas para peces en varias presas y la instalación de un ascensor para peces en la presa de Sau. Unas intervenciones que oscilarían entre los 6 millones de euros y los 10 millones, y que serían «clave para recuperar la conectividad del río y garantizar un buen estado ecológico a medio y largo plazo». «Sería interesante que se puedan ejecutar buena parte de los trabajos propuestos y que se puedan hacer nuevos diagnósticos para el resto del Ter y todos sus afluentes», añade Núria Sellarès, ambientóloga del CERM.
