Ya hace seis años del crimen de la Guardia Urbana que ocupó los titulares de la crónica negra del momento y a que el programa de
La historia del crimen de la Guardia Urbana
La historia parece, ahora literalmente, de película: el cadáver calcinado de Pedro aparece dentro del maletero de un coche abandonado al pantano de Foix y los dos principales acusados –la pareja sentimental de la víctima, Rosa Peral, y el amante de esta, Albert López– se adjudican mutuamente la autoría del crimen con versiones completamente contrapuestas. Peral sostiene que su amante mató Pedro por celos, y López acusa Peral de haberlo matado en una disputa y después haberle pedido ayuda para hacer desaparecer el cadáver. Dentro del cóctel mediático que alimentó la prensa durante su juicio el 2020, el jurado popular acabó considerando ambos acusados culpables del asesinato, apuntando a una actuación conjunta, y subrayó cierto grado de premeditación.

La identificación de un cuerpo casi carbonizado
Ahora bien, alejándonos de la trama sentimental y remontándonos a los inicios de la enrevesada investigación policial que rodeó el caso, uno de los primeras trabas a que se enfrentaron los forenses fue la identificación del cadáver. En la mayoría de los casos, en el ámbito judicial se suelen necesitar o bien muestras de ADN o bien huellas dactilares. En este caso, los restos encontrados estaban casi completamente carbonizadas e impedían cualquier tipo de reconocimiento directo: solo quedaban los huesos.
El proceso de cremación de un cadáver
Para llegar a este estado, el cuerpo habría sido sometido a temperaturas elevadísimas durante un tiempo sustancial. En general, según el tiempo de exposición al fuego y la temperatura a que se llega, como también las características físicas de la víctima –a mayor peso corporal, más rápido crema; la grasa corporal, la piel y el pelo actúan como combustibles naturales…– y factores externos –uso de aceleradores de la combustión, como por ejemplo gasolina, y ventilación del entorno–, el grado de afectación de un cuerpo quemado es variable.
Así pues, en procesos de cremación, se produce una afectación secuencial de la piel, musculatura y órganos internos de la víctima, que se deshidratan, rompen y encogen, exponiendo los huesos. Llegados a la temperatura suficiente, los huesos también queman y sufren cambios de coloración, estructura y dimensiones. Por lo tanto, como que esta última era la situación que encontraron los forenses en el caso de la Guardia Urbana, la recuperación de muestras de ADN viables se complicó enormemente y la conservación de improntas aconteció imposible.

Qué buscar cuando no queda casi nada
Ante este escenario, solo quedaba confiar en la información dental, esquelética y contextual que se pudiera extraer para identificar la víctima. Y tuvieron un golpe de suerte: encontraron una pieza metálica compatible con una prótesis inserta entre los restos de la columna vertebral del difunto. El número de serie de la pieza permitió rastrear el portador: Pedro Rodríguez.
Qué hubiera pasado si Pedro no hubiera llevado una prótesis? Cómo se hubiera procedido a la identificación de los restos óseos? En caso de haber estado así, una de las maneras de dibujar el perfil de la víctima habría sido un análisis exhaustivo de los huesos conservados en que, por ejemplo, se tratara de determinar la edad, el sexo y la estatura estimada.
De estos tres parámetros, el rango de edad es lo más sencillo de valorar, por las variaciones que sufren los huesos a lo largo de los años. La presencia o ausencia de cartílago de crecimiento –curiosamente bastante resistente al fuego– permite esclarecer si se trata de un individuo joven o adulto, y la evaluación de las piezas dentales consigue clasificarlo concretamente en un grupo de edad. En cambio, la determinación del sexo y la estatura es bastante más complicada, teniendo en cuenta que la cremación altera las dimensiones de los huesos y afecta estructuras que pueden ayudar a la diferenciación del sexo que, por otro lado, sería puramente orientativa.

El estudio de restos quemados, un campo importante de la ciencia forense
En cualquier caso, el estudio de restos quemados, sea en antropología forense o arqueológica, se enfoca en una dirección u otra según su estado de conservación. No es el mismo encontrarse ante una cremación completa –o incineración–, en que prácticamente solo hay cenizas, que unos restos que al menos se pueden reconocer como humanas.
También es cierto que, en el campo forense, es poco común hablar de cremaciones completas por la imposibilidad de llegar a las temperaturas necesarias para reducir un cuerpo a cenizas (cerca de 1000 °C). Para lo cual, habría que construir un entorno cerrado para evitar que el viento hiciera oscilar la temperatura y poder aumentarla al máximo, y aun así sería difícil.
En definitiva, por mucho que se quiera hacer desaparecer un cadáver por cremación, siempre se pueden encontrar pequeños indicios que den información para la resolución de un caso. Y la ciencia forense tiene un papel importante en desvelar-los.


