La agricultura en Cataluña no ha cambiado demasiado respeto hace 7.000 años. Investigadores de la Universitat de Barcelona, de la Universitat de Lleida (UdL) y la unidad de investigación conjunta CTFC-Agrotecnio, la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat de València, la Universidad de Basilea (Suiza), el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y el Instituto Arqueológico Alemán (DAI, Alemania) han reconstruido las condiciones ambientales, las prácticas en la gestión de los cultivos y las características de los vegetales que había cuando apareció la agricultura en la Europa occidental, y tiene como referente el yacimiento de la Draga (Banyoles, Girona).
Los primeros agricultores del Mediterráneo occidental, ahora hace 7.000 años, seleccionaban los suelos más fértiles disponibles, y cultivaban variedades de cereales muy parecidas a las actuales, además de utilizar las basuras de forma moderada.

El cultivo del neolítico
Ferran Antolín, miembro del DAI, explica que la principal fuente de información para estudiar la agricultura prehistórica «son los restos arqueobotàniques (semillas y frutos) que encontramos en los depósitos arqueológicos que excavamos. Los restos que se encuentran más a menudo son grandes de cereal carbonizado. Así, los estudios isotópicos sobre estos restos permiten abrir una línea interpretativa alternativa para caracterizar las prácticas agrícolas pasadas». A la Draga se cultivaron principalmente el trigo duro y la adormidera, también cebada, espelta pequeña, espelta gemela y trigo
Las buenas condiciones ambientales de Cataluña hicieron que la agricultura neolítica se veían favorecida. La catedrática Raquel Piqué, del Departamento de Prehistoria de la UAB explica que «el estudio isotópico de la madera carbonizada y las semillas de cereales confirma que la disponibilidad de agua en el entorno era mayor que en la actualidad. Estudios arqueobotánicos previos habían evidenciado que en torno al yacimiento crecía una vegetación bastante diferente a la que encontramos ahora. La robleda y bosques de ribera, donde abundaban los laureles, habrían dominado al entorno, y este tipo de vegetación requiere condiciones climáticas más húmedas que las actuales».

La agricultura del neolítico, a pesar de ser una agricultura que en aquellos momentos era pionera, los expertos explican que «las condiciones de cultivo parecen haber estado favorables, posiblemente por una elección deliberada por parte de los agricultores de los terrenos más adecuados. Los cultivos no parecen muy diferentes de las variedades tradicionales que se han cultivado en los milenios siguientes», tal como señala el catedrático Josep Lluís Araus, de la Sección de Biología Vegetal del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB.
