Cataluña ha sufrido en el último quinquenio una de las sequías más graves de la historia del país en la que las reservas de los embalses también cayeron hasta los mínimos históricos jamás registrados. Según un nuevo estudio impulsado por el ICTA-UAB (Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma) las olas de calor, como las sufridas durante este verano de 2026, suponen que los árboles urbanos pierdan gran parte de la capacidad que tienen de enfriar el medio ambiente.
Los investigadores han analizado el comportamiento de los árboles en las calles densas de Barcelona en relación con la falta de agua derivada de las sequías y las olas de calor. «En condiciones idóneas de humedad en el suelo, la transpiración vegetal reduce la temperatura del aire en un promedio de 1,2 °C a 1,7 °C durante las horas centrales del día. Esto permite reducir el estrés térmico experimentado por los peatones, medido con el índice climático térmico universal (UTCI), hasta 3,2 °C y disminuir la temperatura radiante media (la que percibe el peatón por la radiación solar y del asfalto) hasta 12,3 °C en las zonas más expuestas al sol», señalan los autores del estudio en un comunicado en el cual advierten que la falta de agua hace que la transpiración vegetal caiga «drásticamente». Los investigadores destacan que «cuando el calor extremo coincide con períodos de sequía, la falta de agua obliga a los árboles a cerrar los estomas para evitar la deshidratación, con lo cual se anula o disminuye drásticamente el enfriamiento por evaporación del aire».
Adaptar las ciudades a una nueva realidad climática
Cuando suceden estas condiciones de extrema sequía y de temperaturas muy altas el suelo seco hace que los árboles pierdan gran parte de su capacidad para enfriar el ambiente. Una capacidad, sin embargo, que continúa protegiendo, ya que las hojas bloquean el impacto directo de la radiación evitando el sobrecalentamiento y el impacto directo sobre los peatones.

Según señalan los autores del estudio su investigación muestra que es necesario que «las estrategias de planificación del verde urbano deben adaptarse a la nueva realidad climática del Mediterráneo» y destacan que una de las medidas a adoptar sería la de priorizar la plantación de especies de hoja perenne o caducifolias que sean resistentes a la aridez que pueden generar las condiciones de sequía y de olas de calor, ya que así se pueden conservar las hojas de los árboles y su función durante los meses estivales. «Asimismo, se debería garantizar un riego estratégico durante los picos de calor para las especies caducifolias que conservan el follaje en verano, así como preservar la humedad en alcorques y suelos permeables», concluyen.
