Un equipo de investigadores ha conseguido identificar biomarcadors de varios subtipos de depresión usando solo resonancias magnéticas. En un artículo publicado en ‘Biological Psychiatry’, muestran como mesurar el grado de coordinación entre las regiones cerebrales, también conocido como ‘conectividad funcional’ a través de este tipo de escaneo puede dar pistas muy importantes sobre qué tipo de depresión sufre un paciente y, por lo tanto, como tratarla.
Un problema muy extendido pero que varía mucho entre personas
La depresión mayor es un problema de salud mental desgraciadamente muy extendido y que, además, es muy variable de una persona a otra. Así pues, conocer las diferencias neurofisiológicas de cada uno de los subtipos identificados puede ser muy útil para empezar a dar a cada paciente el tratamiento que necesita lo más pronto posible y, también, para desarrollar nuevos.
Aquí es donde entra este estudio, que ha usado una muestra enorme de pacientes con depresión mayor para mirar de distinguir el subtipo que los afecta basándose en las imágenes obtenidas por resonancia magnética. Los investigadores usaron escáneres en reposo de varios centro médicos y correspondientes a más de 1.000 pacientes, además de más de un millar de escáneres de pacientes sanos como grupo de control.

Patrones claros en dos subtipos de depresión
Usando el llamado modelo normativo, que cuantifica desviaciones individuales, los científicos examinaron la conectividad funcional entre regiones y trazaron mapas de las desviaciones individuales en los pacientes de depresión mayor en comparación con el que denominan la ‘predicción normativa’, es decir, como habría evolucionado si no sufriera este trastorno mental.
Gracias a esto se identificaron dos subtipos neurofisiológicos reproducibles e identificables que corresponden a patrones de desviación concretos pero también a resultados diferentes a las macetas de depresión y a cierta predictibilidad de la respuesta al tratamiento. Si uno de los subtipos se caracteriza por muchas desviaciones positivas –aumentos de conectividad– en varias zonas, acompañadas de desviaciones negativas en otros; el otro subtipo se caracteriza por un patrón totalmente opuesto, mostrando cómo de diversa es la depresión a nivel neurofisiológico.
En cualquier caso, este trabajo supone un adelanto importante en la identificación de biomarcadors de la depresión que, actualmente, depende de los síntomas referidos por los pacientes en la hora de hacer el diagnóstico y elegir el tratamiento. Con biomarcadors, está claro, este proceso no solo podría ser más rápido sino también más estandarizado, abriendo la puerta a toda una revolución en este campo.



