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Los soldados romanos del muro de Adriano sufrían graves infecciones parasitarias

El muro de Adriano (Vallum Hadriani) fue una de las líneas defensivas más majestuosas del Imperio Romano. Investigadores de la Universidad de Cambridge han realizado un estudio publicado en el portal científico Parasitology en el que han analizado las alcantarillas del fuerte romano de Vindolanda entre Carlisle y Corbridge, en Northumberland, y han podido comprobar que los soldados destacados en este punto del muro sufrían graves infecciones parasitarias a pesar de tener baños y sistema de agua potable.

Los investigadores analizaron una cincuentena de muestras de sedimentos del desagüe del alcantarillado del bloque de letrinas de la fortificación a través de análisis microscópicos para buscar restos antiguos de huevos de helmintos: especies de gusanos parásitos que infectan a los humanos y otros animales. Los autores del estudio pudieron comprobar que el 28% de las muestras analizadas contenían huevos de ascárides o tricocéfalos. Además, detallan que «una muestra contenía restos de ambas especies, por lo que los investigadores la analizaron mediante una técnica biomolecular llamada «ELISA», en la que los anticuerpos se unen a las proteínas producidas por organismos unicelulares, y encontraron rastros de Giardia duodenalis». La doctora Marissa Ledger, directora del estudio y miembro del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, añade que «los tres tipos de parásitos que encontramos podrían haber provocado desnutrición y causar diarrea en algunos de los soldados romanos».

Una infección que debilitaba las tropas

En la antigua Roma los médicos y galenos de la época conocían perfectamente la existencia de los parásitos y gusanos intestinales, pero sus técnicas poco podían hacer para contrarrestar sus efectos y eliminar la infección, lo que suponía que los síntomas podían perpetuarse y llegar a empeorar, unas condiciones que debilitaban a los soldados de la fortificación y causaban estragos en la reserva del muro. Los hallazgos de los investigadores son muy similares a los realizados en otros yacimientos militares romanos como Carnuntum en Austria, Valkenburg a la orilla del Rin en los Países Bajos, Bearsden en Escocia, Londres o York, donde incluso se detectaban tenias.

El autor principal del estudio y académico afiliado al Instituto McDonald de Investigación Arqueológica de Cambridge, el doctor Piers Mitchell, destaca el impacto que tenían estas infecciones sobre las tropas romanas, ya que «algunos soldados podrían haber enfermado gravemente por deshidratación durante los brotes de Giardia en el verano, que suelen estar relacionados con el agua contaminada y pueden infectar a decenas de personas a la vez. La giardiasis sin tratamiento puede prolongarse durante semanas, causando fatiga y pérdida de peso considerables». Cabe destacar que las fortificaciones romanas al igual que las ciudades tenían un gran sistema de salubridad y tratamiento para evitar las enfermedades, un hecho sin embargo, que en Vindolanda a pesar de tener «letrinas comunitarias y un sistema de alcantarillado, esto no protegía a los soldados de infectarse entre sí con estos parásitos», destaca el doctor Patrik Flammer, quien participó en el estudio.

Imagen de archivo del muro de Adriano | Wikimedia Commons
Imagen de archivo del muro de Adriano | Wikimedia Commons

El muro de Adriano, una fortificación imponente en Britania

A principios del siglo II d.C. los romanos levantaron un muro que atravesaba Britania desde el mar de Irlanda al mar del Norte. El muro de Adriano se edificó -por mandato del 14º emperador romano Publio Elio Trajano Adriano- para proteger las provincias romanas del sur del territorio ante las incursiones y ataques de los pueblos caledonios- las tribus del norte de Britania-, y se construyeron fuertes y torres para garantizar la seguridad de Roma y sus ciudadanos con la presencia de unidades de infantería, arqueros y caballería.

El de Adriano fue el primero de los dos muros que se edificaron en territorio británico, ya que el año 142 d.C. el emperador Antonino Pío ordenó la construcción de un segundo muro 160 kilómetros al norte del de Adriano para aumentar la defensa y garantizar la expansión romana en Britania.

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