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La capacidad de las medusas bombeta para fusionarse podría revolucionar los trasplantes

De aquellos descubrimientos que se han hecho por casualidad o de forma accidental, cuando se busca algo completamente diferente, se les llama serendipia. A lo largo de la historia de la ciencia, las serendipias han sido frecuentes y en más de un caso han tenido un impacto significativo en la sociedad. Basta con pensar en el descuido de Alexander Fleming y la contaminación de sus placas bacterianas con un hongo productor de penicilina, que años más tarde iniciaría la era de los antibióticos en medicina. O en cómo con los ensayos clínicos de un fármaco candidato a tratar la angina de pecho y la hipertensión, se terminó comercializando el sildenafil (Viagra) para la disfunción eréctil. Los ejemplos se suceden unos tras otros a lo largo de los años.

Así, a pesar de la aleatoriedad propia de las casualidades, parece que las serendipias son más abundantes de lo que podríamos pensar. Y continúan ocurriendo. Un ejemplo más es el que se publicó a principios de mes en la revista de Current Biology, que puede suponer un cambio importante en la manera de entender la medicina regenerativa y la ciencia de los trasplantes. En el artículo, el equipo de investigadores liderado por Kei Jokura describe la primera evidencia de cómo diferentes individuos de una especie de ctenóforo, Mnemiopsis leidyi o medusa bombeta, son capaces de fusionarse para sobrevivir.

Todo comenzó al observar, por casualidad, que dos ejemplares heridos que convivían en un mismo tanque se fusionaron espontáneamente en cuestión de horas, sincronizando perfectamente sus sistemas nerviosos y acoplando de forma casi completa los tractos digestivos. No era solo una fusión física, sino también funcional; y tampoco fue una cuestión de suerte, sino de supervivencia. Y sobrevivieron a las heridas. Los biólogos del equipo replicaron la situación en otros ejemplares en el laboratorio, y en el 90% de los casos los individuos terminaron fusionándose.

Una imatge d'arxiu de la Mnemiopsis leidyi | Wikimedia Commons
Una imagen de archivo de la Mnemiopsis leidyi | Wikimedia Commons

La gran sorpresa de las medusas bombeta

Lo que sorprendió de todo esto, más allá de la conservación de las funciones nerviosas y digestivas en el organismo resultante, que se comportaba como uno solo, fue que la posibilidad de fusionarse fuera real. La fusión efectiva entre individuos diferentes, aunque sean de la misma especie, es casi impensable. Más allá del proceso en sí, que es extremadamente complejo, no es viable desde el punto de vista inmunológico para la mayoría de animales dada la naturaleza del sistema inmunitario.

El sistema inmune es, por definición, reactivo. Responde a estímulos constantemente y desarrolla respuestas de defensa por defecto, como previsión por si fueran patógenos perjudiciales para el organismo. Este exceso de reactividad debe controlarse de alguna manera, por lo que, cuando el sistema inmune madura durante los primeros años de vida, es necesario que el organismo lo programe para no responder ante determinados estímulos. La idea es sencilla: es bueno tener las defensas listas para cualquier problema, pero no se debe reaccionar contra células propias, la microbiota o alérgenos inofensivos, porque sería perjudicial para el mismo organismo y muy contraproducente.

Un descubrimiento que puede ser útil en la investigación sobre trasplantes

De esta capacidad para distinguir y no atacar células propias se le llama tolerancia inmunitaria, y está muy relacionada con el llamado mecanismo de alorreconocimiento que permite discernir entre células propias y ajenas. Saber quién eres permite distinguirte de los demás. Por eso, el alorreconocimiento es uno de los mecanismos biológicos más ancestrales que se conocen, y se considera crítico para la supervivencia y funcionamiento de organismos multicelulares, especialmente de los animales. Ahora bien, es este concepto de individualidad y alorreconocimiento el que explica los problemas de rechazo a los que se enfrentan habitualmente los pacientes de trasplantes, que se ven obligados a iniciar tratamientos inmunosupresores para evitar que su sistema inmunitario detecte y reconozca como extraño, no propio, el órgano que han recibido.

Es por eso que la capacidad de integración total, física y funcional, sin ningún tipo de rechazo, entre individuos diferentes de medusas bombeta es fascinante. Algunos investigadores han sugerido la posibilidad de que las M. leydi no tengan mecanismo de alorreconocimiento, o que tengan uno muy permisivo y primitivo que permita la cooperación entre individuos genéticamente similares (aunque no idénticos) en caso de necesidad. Sea como sea, el estudio de la capacidad de fusionarse de estas criaturas puede permitir aprender mucho sobre el sistema inmunitario, y puede tener una gran utilidad en la investigación de trasplantes y tratamientos regenerativos, en los que la aceptación de tejidos ajenos es esencial para la supervivencia de los pacientes.

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