Un nuevo estudio, publicado hace poco en la revista ‘Science’, ha mirado de elaborar un gran mapa de los orígenes genéticos de los cambios de nuestro esqueleto que hicieron posible que andamos con dos piernas. Esta investigación ha permitido encontrar cuáles son las regiones relacionadas con estas modificaciones físicas que han hecho que, de todos los grandes simios, los humanos seamos los únicos que andamos de pie de manera habitual.
Para hacer esto, hacen falta unas piernas largas, unos brazos cortos y unos caderas estrechas, cosa que nos ha dado una arquitectura esquelética única que tiene su base en el ADN y que, al estudiarla, incluso se ha podido identificar que hay algunas regiones de nuestro código genético que nos ponen en riesgo de sufrir una enfermedad de los huesos tan común como es la osteoartritis.

Un estudio con una base de datos enorme
Durante mucho de tiempo, los paleoantropólogos han analizado lo registre fósil y han documentado los cambios en los cuerpos de los hominins, tanto humanos como otros parientes desaparecidos, durante los últimos millones de años. Encontrar las bases genéticas de estos cambios, pero, había sido mucho más complicado, porque conseguir a la vez medidas esqueléticas y ADN de las mismas muestras, y en cantidades bastante grandes, no es sencillo.
En esta ocasión, los investigadores han usado el UK Biobank, una enorme base de datos de salud y genéticas de más de medio millón de personas del Reino Unido y que es uno de los más empleados en estudios de salud con poblaciones muy grandes. Usando la inteligencia artificial, seleccionaron imágenes de esqueletos y van exteure’n medidas precisas de los huesos de más de 31.000 ejemplares.

Genes y relaciones interesantes
Con esto y los análisis genéticos, se han podido identificado 145 lugares asociados con cambios en las proporciones del esqueleto. Muchas de ellas ya se sabía que tenían un papel, y 45 de ellas solapan un solo gen que codifica una proteína. De estas, 32 ya se habían identificado como causantes de anomalías en el esqueleto de los ratones si había problemas y, en 4 casos, también se habían relacionado con enfermedades esqueléticas raras en humanos.
Los científicos miraron toda una serie de ratios, como la relación entre la anchura de las caderas y de los hombros, la longitud del antebrazo con la altura y la longitud del tronco y la de las piernas. Las proporciones entre el tronco y las extremidades se han relacionado con varias regiones del genoma, apuntando que su desarrollo es controlado por ‘programas’ genéticos diferentes.
Tener las piernas más largas que los brazos es un rasgo físico común del andar de pie, y las regiones genéticas relacionadas con cambios en esta proporción son diferentes de las que lo controlan en otros grandes simios, indicando que en los humanos hubo una selección evolutiva, como también en las regiones relacionadas con unas caderas más estrechas y su relación con la altura.

Confirmando una teoría sobre la evolución del andar derechos
Una teoría sobre la evolución de este modo de andar dice que, yendo derechos, nuestros antepasados se podían mantener más frescos en entornos cálidos. Usando los datos del UK Biobank sobre metabolismo y demasiado corporal, esto parece cierto, puesto que cuando la longitud de las piernas incrementa, la disipación del calor también lo hace. Además, hay una correlación entre las proporciones esqueléticas, la ratio metabólica y la masa corporal sin grasa que coincide con el que predice la teoría.
Como hemos dicho, además, este estudio no solo ha dado pistas sobre los orígenes evolutivos de la forma corporal de los humanos sino que también se han identificado regiones genéticas relacionadas con la osteoartritis de las caderas y las rodillas. Este método, consistente a relacionar las imágenes y los datos genéticos, también se podría usar para establecer la causa genética otras enfermedades.
