Un equipo de investigadores del Centro de Regulación Genómica han hecho un paso muy importante en el estudio del origen evolutivo de las neuronas. En un trabajo publicado en la revista ‘Cell’, exponen las conclusiones de un análisis en profundidad de los placozoos, unos animales marinos muy pequeños, y que revela que las raíces de las células del cerebro son allá, concretamente a unas células secretorias especializadas que son presentes en estos organismos tan antiguos y que, en seres más complejos, podrían haber acontecido las primeras neuronas.
Unos animales aparecidos hace 800 millones de años
Los placozoos tienen la medida aproximada de un grano de arena gordo y se alimentan de algas y microbios que viven a la superficie de las rocas y otras superficies de mares poco profundos y cálidos. A pesar de que técnicamente son animales, son tan simples que pueden vivir sin tener ningún órgano ni ninguna parte del cuerpo. Se cree que aparecieron hace unos 800 millones de años y, de hecho, forman uno de los cinco grandes linajes de animales junto con los ctenóforos, las esponjas, los cnidarios (corales, anémonas y medusas) y los bilaterios, que incluyen todos los otros.

Coordinados por unas células muy especiales
Siente tan simples como son, los placozous coordinan los suyo movimiento con el que se conoce como células peptidérgicas, es decir, que liberan péptidos que pueden dirigir el movimiento o el comportamiento del animal. Intrigados por su origen, los investigadores usaron técnicas moleculares y modelos computacionales para mirar de averiguar como evolucionaron estas células e imaginarse como eran y funcionaban algunos otros antepasados.
En primer lugar hicieron un mapa de todos los tipos de células de los placozous e hicieron un mapa de las regiones del ADN que las regulan. Así pudieron tener una imagen clara de qué hace cada una y como colaboran. Después, las compararon entre especies para mirar de ver como evolucionaron. El estudio revela que los nueve grandes tipos de células del placozous están conectados por células ‘intermedias’ que cambian de un tipo al otro y que crecen y se dividen, manteniendo el equilibrio necesario porque los animales se muevan y coman.

Grandes parecidos con las neuronas
Además, pero, los investigadores también identificaron 14 tipos de células peptidérgicas pero en este caso, eran diferentes de todas las otras, no tenían tipos intermedios ni mostraban señales de crecimiento y división. De hecho, tenían muchos parecidos con las neuronas, que no aparecieron hasta millones de años más tarde y animales más avanzados, como por ejemplo los bilaterios. Una comparación, además, ha revelado que estos parecidos son únicas de los placozoos y no son presentes en otros animales tan lejanos como las esponjas o los ctenóforos.
Las similitudes eran tres: en primer lugar, estas células se diferencian de una población de células epiteliales progenitoras de una manera parecida a cómo lo hacen las neuronas de los cnidarios y los bilaterios. En segundo lugar, tienen módulos genéticos como los que necesita una neurona para poder enviar mensajes, aunque no tienen las ‘piezas’ para recibir ni para conducir señales eléctricas. Finalmente, se comunican entre ellas con un sistema de mensajeros químicos muy parecido al de las neuronas.

Un mapa algo más claro pero con muchos vacíos
Así pues, estas células peptidèrgiques son muy parecidas a las neuronas primitivas, aunque no lo lleguen a ser, y podríamos ser ante un estadio evolutivo anterior. Unos cimientos ademanes hace 900 millones de años en unas criaturas minúsculas y muy sencillas. A partir de los neuropéptidos, nuevos módulos genéticos podrían haber permitido a estas células hacerse más complejas hasta que, un centenar de millones de años después, habrían aparecido las primeras neuronas, que tenía un antepasado común de los cnidarios y los bilaterios.
Sin embargo, el hecho que los ctenóforos tengan células parecidas a las neuronas y que forman redes, a pesar de las muchas diferencias, pero que las de los placozoos sean más ‘similares’ a las nuestras, a pesar de no ser neuronas, hace que haya muchas dudas sobre esta historia evolutiva. Que quizás aparecieron una vez y después divergieron? Y si cada pieza tiene un origen diferente? Quién sabe si, en el futuro, la investigación nos permitirá completar este gran rompecabezas.
