Cataluña es una tierra rica por su biodiversidad. Una de las aves que forman parte de esta biodiversidad es el águila perdicera o cuabarrada (Aquila fasciata), un ave amenazada y que los últimos avances hechos por un nuevo protocolo de la Universidad de Barcelona (UB) muestran que está recuperando su población en el territorio catalán. Los modelos integrados de población (SIPM) que ha utilizado la institución educativa muestran que durante las décadas de los años 80 y 90 la población de este águila disminuyó de forma muy rápida, pero que en la década de los 2000 esta disminución poblacional se detuvo y desde 2010 la especie se ha ido recuperando en Cataluña. Antonio Hernández-Matías, profesor de la Universidad de Barcelona (UB) señala que uno de los aspectos clave fue la llegada de águilas perdiceras de otras zonas de la península. «Durante el fuerte declive de la población, la llegada de individuos inmigrantes de otras poblaciones de la península Ibérica en un mejor estado probablemente fue un factor relevante para evitar que el declive fuera mayor», explica Hernández-Matías.
Actualmente, la población de águila perdicera en Cataluña ha aumentado y los ejemplares más jóvenes presentan una mejora en la tasa de supervivencia, motivo por el cual el profesor de la UB señala que «la importancia de los inmigrantes es menor, mientras que el número de individuos que emigran hacia otras poblaciones ha aumentado».
Una población que se ha recuperado en Cataluña, pero que aún vive amenazada
La UB señala que las medidas de conservación de la especie y el aumento de las poblaciones de conejos en las zonas de dispersión del águila han permitido que se haya recuperado la especie. A pesar de estas buenas noticias recuerdan que la situación del águila perdicera sigue siendo frágil y aún mueren muchos ejemplares por diversos motivos como pueden ser accidentes con las líneas eléctricas, ahogamiento en balsas, disparos o choques con infraestructuras. «Para conservar la especie es urgente planificar y realizar un uso del territorio más sostenible que conlleve reducir la urbanización, limitar la implementación de infraestructuras, tener una agricultura menos intensiva y recuperar las actividades tradicionales en montaña que favorecen la biodiversidad», explican los investigadores.

De hecho, remarcan la importancia de seguir realizando tareas de seguimiento científico sobre la población del águila perdicera y conocer mejor la población flotante, aquellos ejemplares que no pueden tener descendencia. Los investigadores añaden que «además de las tareas de seguimiento, es clave conocer los factores que determinan la dinámica poblacional, como la ocupación de los territorios en un marco territorial cambiante y en un contexto de crisis de la biodiversidad que está afectando y extinguiendo cada vez más especies».
