La soledad y el aislamiento social son una de las pandemias silenciosas que afectan a los humanos, especialmente durante la vejez. El aislamiento social, además, está entre los factores de riesgo más importantes para la demencia. Un nuevo estudio publicado en el portal científico Aging & Mental Health –con la participación de investigadores de la Universidad del Rosario de Colombia, la Clínica Universitaria de Navarra, la Universidad de Valencia, y el Instituto Karolinska de Suecia– ha encuestado a 10.217 personas, de entre 65 y 94 años, en 12 países de toda Europa.
Los resultados del estudio muestran que aquellas personas que eran más solitarias tenían resultados más pobres en las pruebas de memoria al inicio del estudio, aunque durante el período en el cual se monitorizaron a las personas participantes se pudo observar que las personas solitarias perdían la capacidad para recordar información a un ritmo similar al de aquellas personas que no sufrían de un aislamiento social, un hecho que puede suponer que, aunque este aislamiento afecte la pérdida de memoria, no implica que haya un deterioro progresivo más elevado que el de aquellas personas sin aislamiento. «La soledad puede comportarse como un modulador o mediador potencial del efecto de otras variables en el desarrollo o progresión del deterioro cognitivo o la demencia», alertan los investigadores.

Las diferencias del estudio
Los participantes del estudio, que utilizó datos de la Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE) entre 2012 y 2019, provenían de varios países de Europa y fueron agrupados en cuatro regiones como central, sur, norte y este. Los resultados de las pruebas mostraron que los países del sur de Europa tenían unos niveles de soledad más altos (12%) en comparación con los países del este (9%), central (6%) y norte (9%).
«Específicamente, encontramos que las regiones sur y este se asociaron con una peor función de la memoria, tanto de recuerdo inmediato como diferido, al comienzo del seguimiento», destacan los investigadores, que piden tener cuidado antes de generalizar o extraer conclusiones, ya que «aunque esta relación pueda parecer interesante, debe interpretarse con cuidado. En primer lugar, es necesario tener en cuenta algunas consideraciones socioculturales e históricas». «Múltiples variables latentes pueden explicar este hallazgo, y la asociación no tiene por qué considerarse causal. La misma consideración debe tenerse en cuenta respecto a la prevalencia y la asociación de la soledad en diferentes regiones geográficas», añaden.
Esta no era la única diferencia, ya que, según los autores del estudio, el grupo que presentó unos niveles altos de soledad (8%) era de más edad, mayoritariamente femenino y presentaba una salud peor, con problemas como hipertensión, diabetes o una prevalencia más elevada de la depresión.
