El uso de una técnica muy avanzada ha permitido a un equipo de investigadores descubrir detalles ocultos de pinturas del Antiguo Egipto de más de 3.000 años de antigüedad. En un artículo publicado en ‘PLOS ONE’, explican cómo estos nuevos análisis han revelado información que se desconocía sobre el proceso creativo de los artistas que crearon dos de las obras que hay a la necrópolis de Tebas, concretamente en capillas en el interior de tumbas que se usaban para rituales de conmemoración de los muertos.
En concreto, usando una tecnología portátil de análisis químico, los investigadores han observado las alteraciones que hicieron los pintores a las obras, un hecho extraño porque, tradicionalmente, se ha pensado que estas pinturas seguían unas normas y unos procedimientos muy marcados. Esta nueva técnica incluye el uso de rayos X para crear un mapa de la superficie de la pintura hasta el nivel molecular, incluyendo las propiedades químicas. Además, el uso de las llamadas imágenes hiperespectrals permite analizar la pintura en varias longitudes de ola, revelando cosas imposibles de ver a primera vista.
Dos tumbas con detalles desconcertantes
Todo ello se usó a dos tumbas datadas entre el 1292 y el 1075 antes de Cristo. Una de ellas es a la tumba de Menna, un oficial que sirvió el faraón Amenhotep III, y es considerada la obra culminante de la pintura del Antiguo Egipto. En este caso la alteración, que debía de quedar escondida cuando la pintura era nueva, se ha ido haciendo visible con el paso del tiempo. En una escena en que Menna y su mujer adoran el dios Osiris, el oficial levanta las manos ante su cara, pero se observa una tercera mano que indica claramente que, en algún momento, la pintura fue retocada.

Este detalle, que podríamos considerar insignificante, puede dar mucha información sobre el proceso de pintura al Antiguo Egipto. Siempre se ha pensado que la decoración de las tumbas era la obra de muchas personas trabajando plegadas, pero estas modificaciones hacen pensar que es posible que lo hicieran grupo de personas diferentes en sesiones diferentes.
En cuanto a la otra pintura está en la tumba de Nakhtamun, un clérigo. Las análisis de la obra, que representa el faraón Ramsés II, ha revelado que se hicieron varios cambios en la corona, el collar y otros objetos reales, probablemente a causa de variaciones del suyo significado simbólico a lo largo del tiempo. Esta representación del faraón, además, lleva un poco de barba, una cosa inaudita en el arte egipcio, especialmente en la hora de representar monarcas.

Los análisis químicos, además, han permitido descubrir detalles muy extraños, como por ejemplo el uso de colores y formas diferentes para el cuello del faraón, apareciendo, sorprendentemente, su nuez del cuello. Un hecho que, una vez más, va en contra de las representaciones tradicionales egipcias. Otro detalle es la forma del cetro, extraña y que toca la cara del rey.
Repensar nuestra idea del arte egipcio
Todo ello hace planetejar-se seriamente que hace falta repensar la manera como entendemos el arte egipcio, aprender a mirar las obras de otro modo porque, cuanto más a fondo las conocemos, más nos damos cuenta que el que habíamos pensado hasta ahora podría estar fundamentalmente equivocado. Con tecnologías como las empleadas en este estudio, de hecho, se podría conseguir muchísima más información y a un ritmo mucho más rápido que hasta ahora, ayudando a redefinir la manera como entendemos una parte muy importante de la cultura del Egipto faraónico.