Un hombre de 63 años que sufre un estadio avanzado de la enfermedad de Parkinson ha conseguido volver a andar gracias a un implante a la médula espinal que ha restablecido parte del funcionamiento. En un artículo publicado en ‘Nature Medicine’, un equipo médico del Centro Hospitalario Universitario Vaudenc de Lausana, en Suiza, explica cómo ha conseguido esta mejora en la movilidad del paciente, que abre la puerta a ayudar miles de personas más en todo el mundo.
Implantes que inciden directamente en la zona afectada
El paciente, natural de Burdeos, en Francia, fue diagnosticado con Parkinson hace más de 20 años y, desde entonces, su movilidad se había ido reduciendo, con problemas por mantenir el equilibrio o incluso momentos de parálisis al andar. Esta enfermedad neurodegenerativa es causada por la pérdida de las neuronas que producen un neurotransmisor, la dopamina. Si bien algunos medicamentos, como la levodopa, podan reducir los síntomas, hasta ahora las mejoras que se podían conseguir eran relativas.

Aquí es donde entran los implantes, que pueden dirigirse directamente al área afectada, en este caso la parte de la médula espinal que activa los músculos de las piernas cuando andamos, y restaurar el funcionamiento. Los investigadores hicieron un mapa anatómico detallado del paciente, identificando los puntos exactos donde se tenía que intervenir, y se colocaron electrodos para poder estimularlos directamente.
El paciente anda hasta seis kilómetros seguidos
Gracias a unos sensores de movimiento colocados en las piernas del paciente, al empezar a andar el implante se activa y empieza a enviar impulsos de estimulación a la médula para corregir las señales anormales que puedan haber llegado del seso. Así, el dispositivo mejora la capacidad de andar y restaura un movimiento más o menos normal.
Las mejoras observadas, de hecho, hacían que el andar del paciente fundido más semblante al de una persona sana que al otros pacientes de Parkinson, y él mismo las considera «un renacimiento». Hasta entonces, casi no podía andar sin caer varias veces en el día, ahora, en cambio, «ya ni siquiera tiene miedo de las escalas» y, de hecho, cada domingo anda aproximadamente seis kilómetros.

Esto, pero, solo es un primer caso de éxito, y hará falta un ensayo clínico completo para demostrar los efectos positivos y la carencia de contraindicaciones importantes del implante y de la operación de colocación. Es por eso que ya se han conseguido seis voluntarios más en quién mirar de repetir los beneficios experimentados por este primer paciente.
Las pruebas para validar este tratamiento continúan
Estas pruebas y el desarrollo final del dispositivo podrían durar como mínimo cinco años, pero lo sientas creadores tienen la esperanza que el uso de esta tecnología resulte en toda una nueva manera de tratar los problemas de movimiento en los pacientes con Parkinson. De momento, cuando menos, la idea parece mucho prometedora y ha dado unos resultados ciertamente sorprendentes.


