Un nuevo estudio de la Universidad de Curtin destaca que los perros tienen un impacto ambiental enorme. Los investigadores señalan que «el mejor amigo del hombre puede ser el peor enemigo de la naturaleza», ya que constatan un impacto medioambiental negativo de los perros domésticos. Bill Bateman, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Moleculares y de la Vida de Curtin, explica que durante la investigación han podido demostrar que los perros domésticos propiedad de humanos perturban y dañan la vida silvestre, de hecho uno de los colectivos más afectados por el impacto de los perros son las aves de playa, que ven alterado su ecosistema y su día a día incluso cuando los perros van atados. «Además del comportamiento depredador, como perseguir animales salvajes, los perros dejan olores, orina y excrementos que pueden alterar el comportamiento animal mucho después de que se hayan ido», explica un Bateman que señala que esta situación no se produce con otros animales, ya que «los estudios han descubierto que animales como ciervos, zorros y gatos salvajes en EE.UU. son menos activos o evitan completamente las áreas donde se pasean los perros regularmente, incluso en ausencia de ellos.»

Bateman, sin embargo, sí que destaca que los perros «son increíblemente importantes para la vida de las personas y sus funciones varían desde brindar compañía hasta contribuir a los esfuerzos de conservación como perros de detección», pero a la vez destaca la sobrepoblación actual de perros domésticos, un problema al que se le deben sumar los «comportamientos desinformados o laxos de algunos dueños», un cóctel de factores que según el profesor asociado de la Universidad de Curtin «está generando problemas ambientales que ya no podemos ignorar».

Impacto extremadamente diverso

El impacto ambiental de los perros se distribuye a través de varios aspectos, según Bateman. No solo su presencia en hábitats de otros animales o los olores, la orina y los excrementos que generan en el ecosistema afectan. «Los desechos de los perros también contribuyen a la contaminación de los cursos de agua e inhiben el crecimiento de las plantas, mientras que los desechos de los tratamientos químicos utilizados para limpiar y proteger a los perros de los parásitos pueden añadir compuestos tóxicos a los ambientes acuáticos», señala el profesor asociado de la Universidad de Curtin. De hecho, Bateman también señala la industria que existe alrededor de los perros. «Además, la industria de alimentos para mascotas, impulsada por una enorme población mundial de perros, tiene una huella de carbono, terrestre e hídrica sustancial», sentencia Bateman.

Un estudio de la Universidad de Curtin señala el impacto ambiental de los perros | Pixabay

En el estudio se propone que exista una colaboración entre los dueños de los perros, los grupos conservacionistas y las administraciones y los legisladores. Este trabajo a diversas bandas, según explican, se debería utilizar para poder desarrollar medidas que equilibren tener un perro como mascota y el cuidado del medio ambiente y señalan que la prohibición de perros en zonas sensibles son necesarias para proteger las especies vulnerables de los ecosistemas, pero que no se convierten en una solución definitiva.

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