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El ejercicio físico puede combatir la depresión mejor que los medicamentos

El ejercicio físico forma parte básica de la buena salud de los humanos, y por eso se incluye en las asignaturas en la escuela. «El ejercicio puede ser moderadamente más eficaz que una intervención de control para reducir los síntomas de depresión», alertan los autores de una nueva investigación publicada por la Biblioteca Cochrane. La misma Biblioteca Cochrane publicó en el año 2013 un estudio en el cual se destacaba que el ejercicio físico era uno de los elementos clave para combatir la depresión, ya que la realización de ejercicio ligero como caminar, la jardinería o actividades de baja intensidad podía aliviar los síntomas de la depresión de forma tan eficaz como las terapias farmacológicas. Este año, el 8 de enero de 2026, la Biblioteca Cochrane ha revisado los datos del estudio y los ha actualizado con docenas de pruebas nuevas.

La revisión fue impulsada por los investigadores de la Universidad de Lancashire (Reino Unido) y contó con el apoyo de miembros del Instituto Nacional de Salud e Investigación de Cuidados (NIHR) Applied Research Collaboration North-West Coast (ARC NWC). De hecho, Andrew Clegg, uno de los autores del estudio y miembro de la Universidad de Lancashire, destaca que «el ejercicio proporciona una opción para las personas que tienen síntomas depresivos, y confirma que el ejercicio puede ser tan eficaz como la psicoterapia y los antidepresivos».

Miles de adultos estudiados

En total, los investigadores examinaron 73 ensayos controlados aleatorios, incluyendo casi 5.000 adultos diagnosticados clínicamente con depresión leve, moderada o grave, o que registran una puntuación en una escala de síntomas de depresión que generalmente se considera indicativa de la condición. Los autores del estudio asignaron, durante 57 de las pruebas, a los examinados de forma aleatoria entre un grupo que hacía ejercicio de forma regular y otro grupo al cual no se le ofreció ningún tratamiento o fueron incluidos en lista de espera para acceder al tratamiento. Los participantes del estudio que hicieron ejercicio de forma regular se centraron en actividades de baja o moderada intensidad como caminar, jardinería, sprints ligeros o la práctica del fútbol, y los autores del estudio pudieron observar que el ejercicio redujo la gravedad de los síntomas depresivos.

De hecho, los investigadores señalan que el ejercicio de baja o moderada intensidad tiene mejores resultados que el ejercicio duro y extremadamente intenso porque esta baja intensidad es más fácil de mantener en comparación con el ejercicio duro, que hace que la gente deje de hacerlo. «Ningún tipo de ejercicio demostró ser claramente superior, aunque los programas de ejercicios combinados y el entrenamiento de resistencia parecieron ser más efectivos que el ejercicio aeróbico solo. Algunas formas de ejercicio, como el yoga, el Qigong y los estiramientos, no se incluyeron en el análisis y representan áreas de investigación para futuras investigaciones. Los efectos a largo plazo no son claros, ya que pocos estudios realizaron un seguimiento de los participantes después del tratamiento», añaden.

El ejercicio físico de baja o moderada intensidad tiene más beneficios porque tiene una duración en el tiempo, el ejercicio duro es fácil de dejar de practicar | Pixabay

Profundizar en los estudios

Aunque los resultados del primer estudio y la nueva revisión destacaron el papel fundamental que juega el ejercicio en las personas con depresión, los autores piden que se profundice en este tipo de estudios y los posibles beneficios que pueden suponer para los pacientes. Los autores del estudio destacan que las conclusiones extraídas se mantienen casi sin cambios aunque se añadan nuevas evidencias y destacan que la mayoría de los ensayos fueron pequeños, motivo por el cual «dificulta la elaboración de conclusiones definitivas».

Ante estas situaciones, los investigadores piden que se amplíen los estudios y se profundicen estas investigaciones. “El ejercicio puede ayudar a las personas con depresión, pero si queremos determinar qué tipos funcionan mejor, para quién y si los beneficios perduran en el tiempo, aún necesitamos estudios más amplios y de alta calidad. Un ensayo amplio y bien realizado es mucho mejor que numerosos ensayos pequeños de baja calidad con un número limitado de participantes cada uno”, concluye Andrew Clegg.

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