En el año 1947, dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de científicos -entre los cuales estaban Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer (padre de la bomba atómica)- ideó el Doomsday Clock, conocido como Reloj del Fin del Mundo, reloj del juicio final o reloj del apocalipsis. Este indicador señala cuánto tiempo le faltaría a la humanidad para enfrentar una eventual extinción. Es decir, un cálculo hipotético que se ha convertido en un indicador de referencia al analizar la situación geopolítica y el rumbo de los humanos.
El Reloj del Fin del Mundo es un reloj de 24 horas que cuantifica el peligro de una posible extinción humana: cuanto más se acerca a la medianoche (00.00 h), más cerca está un eventual final de la especie humana. Entre los factores que se analizan para cuantificar el peligro podemos encontrar las tensiones geopolíticas (ahora mismo Gaza y Ucrania), el expansionismo de la energía y el armamento nuclear, los desastres ambientales, el aumento de las temperaturas o el cambio climático. Una serie de aspectos que han llevado a determinar que en este 2025 quedan 89 segundos para el Día del Juicio Final, o, lo que es lo mismo, el fin del mundo está más cerca que nunca.
En un comunicado oficial el Bulletin of the Atomic Scientists, que es el órgano científico que fija las agujas del reloj, durante el año 2024 los humanos se han acercado «más a la catástrofe». «Las tendencias que han preocupado profundamente a la Junta de Ciencia y Seguridad han continuado y, a pesar de las señales inequívocas de peligro, los líderes nacionales y sus sociedades no han hecho lo necesario para cambiar el rumbo». Estos son los motivos que los expertos han esgrimido para acercar el día del juicio final más cerca que nunca.
Una alerta creciente
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el reloj del Juicio Final ha ido variando. Durante toda la guerra fría, el Reloj del Fin del Mundo se situó muy próximo a la medianoche; no fue hasta la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en el año 1991, que se alejó como nunca del fin del mundo, ya que se situó a 17 minutos de la medianoche.
A pesar del final de la guerra fría y la disolución de la URSS el reloj volvió a acercarse a la medianoche por culpa de la inestabilidad política en el Medio Oriente, el ascenso de Kim Jong Un al poder de Corea del Norte, el aumento desmesurado del calentamiento global y recientemente la deriva a la derecha de las políticas internacionales y el estallido de las guerras entre Ucrania y Rusia y Palestina e Israel.


