Un nuevo trabajo científico liderado por el Instituto de Microelectrónica de Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha logrado crear un sensor que cambia de color cuando este detecta contaminantes y compuestos orgánicos volátiles en el ambiente. Este sensor se basa en estímulos mecánicos como pueden ser la tensión o la presión y cambia de color. Este nuevo dispositivo se curva y altera el color cuando entra en contacto con este tipo de sustancias, una función camaleónica que permite reconocer alcohol, disolventes u otros productos en el ambiente o el hogar.
El sensor tiene forma de voladizo y consta de capas formadas por dos polímeros como son el polidimetilsiloxano (PDMS) y el tiol-eno-epoxi no estequiométrico (OSTE+). Estos dos polímeros son los que emiten una respuesta diferente cuando son expuestos a los diferentes agentes contaminantes. Además, en el voladizo también hay nanoestructuras fotónicas, que descomponen la luz y que le dan un color concreto al sensor.

Un camaleón para detectar los contaminantes
El mecanismo de este sensor funciona de manera simple. Cuando el dispositivo entra en contacto con alguno de los compuestos y los polímeros, el voladizo del sensor se curva y cambia de color, ya que pasa de tener un color único a desarrollar un gradiente de colores por todo el voladizo. Cabe destacar que cuanto mayor es la curvatura que toma el voladizo, mayor es el gradiente de color que adopta. “Se trata de una tecnología que permite detectar e identificar compuestos volátiles y contaminantes en el ambiente de manera rápida”, afirma Mar Álvarez, científica del IMB-CNM que lidera la investigación. «Estamos hablando de un sensor (lengüeta) muy pequeño, de menos de 1 milímetro cuadrado de área, que ha sido microfabricado completamente en el IMB-CNM, y que se integraría en el equipo o dispositivo de control de análisis. Además, es un sistema pasivo, que no necesita electrónica propia para funcionar», añade.
