La llegada del covid-19 hizo que a los centros sanitarios llegaran las mascarillas como una herramienta esencial. Los repuntes de la gripe año tras año han hecho que eventualmente esta herramienta vuelva a los centros sanitarios. Ahora un equipo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide ha recibido la concesión para desarrollar una revolucionaria mascarilla que permitirá saber cuándo está a punto de llegar al final de su vida útil, un hecho que no se había podido conocer hasta ahora.
En la tecnología que podrán patentar en esta universidad se pone una solución definitiva para poder saber de manera clara cuándo una mascarilla ha dejado de ser realmente efectiva. Con la instalación de un indicador adherido a la capa externa de la máscara se indica cuándo se acabará la vida útil de la mascarilla y lo hace gracias a un sistema químico que cambiará de color de forma irreversible después de un uso prefijado. Es decir, una cuenta regresiva química. Este indicador químico se puede adaptar a los diferentes tiempos de uso según la mascarilla donde esté adherido o las condiciones de trabajo a las que ha de ser sometido.
Concretamente, este indicador se situará en una zona próxima a la piel, desde donde se podrá aprovechar la temperatura corporal y el flujo de aire generado durante la respiración, lo que supondrá que el funcionamiento sea más reproducible y no dependa de factores externos. El profesor del Centro de Nanociencia y Tecnologías Sostenibles (CNATS) de la UPO José María Pedrosa señala que «el objetivo de esta patente es ofrecer una herramienta muy simple y de bajo costo que ayude a usar las máscaras de forma más segura y responsable». “No basta con llevar máscara, es fundamental saber si continúa cumpliendo su función protectora durante todo el tiempo de uso”, concluye.
Un indicador que no alterará el funcionamiento de la mascarilla
Según los investigadores, la ubicación de este indicador, en una zona próxima a la piel, permitirá que el funcionamiento de la mascarilla no tenga ningún tipo de alteración y su diseño permite que sea totalmente integrable en las mascarillas que son comerciales como las FFP2 o N95. Esta integración fácil hace que no se alteren las prestaciones filtrantes y, por tanto, no haya una pérdida de las funciones de la mascarilla.

Cabe destacar que el uso prolongado de mascarillas más allá del tiempo recomendado se pierde su eficacia y supone un aumento de los riesgos para la salud. Esto supone que un indicador que alerta sobre cuál es el momento en el que la vida útil de la mascarilla se está acabando y evitar así una pérdida de efectividad y un potencial riesgo para la salud.
