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L’àrea metropolitana de Barcelona pierde el 70% de terreno agrícola en 20 años

En solo 20 años Barcelona y su área metropolitana han sufrido un gran retroceso. El último estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) alerta que desde 2003 el área metropolitana de Barcelona ha sufrido un gran retroceso en su terreno agrícola, ya que los investigadores calculan que se ha perdido un 70% de esta superficie.

Los autores del estudio destacan que en el área metropolitana de la capital catalana la utilización del suelo para usos agrícolas es extremadamente escasa, ya que solo el 8,5% del territorio del área metropolitana se destina a usos agrícolas, lo que representa una superficie que equivale a 16 m² por habitante. Según los investigadores, el punto crítico se produjo entre los años 2003 y 2013, cuando hubo una fiebre de la reconversión y la urbanización de los terrenos agrícolas. El investigador Johannes Langemeyer: “La desvinculación de la producción agrícola del entorno de las ciudades es un fenómeno relativamente nuevo y excepcional. En momentos de crisis, por ejemplo económicas o en caso de guerras, esta desvinculación incrementa el riesgo alimentario en las ciudades”.

Un pagès treballant en un camp de carxofes a Gavà | Àlex Recolons (ACN)
Un campesino trabajando en un campo de alcachofas en Gavà | Àlex Recolons (ACN)

Urbanizar, la piedra en el zapato

La ‘muerte’ del terreno agrícola en el área metropolitana de Barcelona fue motivada por la interacción de factores sociales, ecológicos y tecnológicos. Según destacan los autores del estudio, la reclasificación de los terrenos agrícolas para usos residenciales, industriales o de infraestructuras, combinada con una pérdida del rendimiento de la actividad agraria. De hecho, esta falta de rentabilidad del suelo agrícola es uno de los grandes motivos por los que se ha perdido el terreno agrícola: la competencia de los mercados internacionales, la fragmentación de parcelas y la dificultad de acceso al agua, una concatenación de hechos a la que se ha sumado la falta de relevo generacional en la agricultura.

La investigación muestra, además, que este abandono del espacio agrícola a favor de la urbanización -o el abandono simple- hace que el bosque se abra paso y haya una expansión forestal. Esta expansión acaba dañando el suelo y haciendo que se complique gravemente la recuperación de los cultivos.

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