La herencia genética que hemos recibido de los denisovanos podría haber dejado rastros a la salud mental de los humanos modernos. Esta es la conclusión a que ha llegado un equipo del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que, publicado en ‘PLOS Genetics’, identifica la contribución genética más extendida de estos homínidos. Los investigadores apuntan que la variante genética detectada, que afecta la regulación del zinc, podría haber sido ventajosa para la adaptación al frío pero también pudo predisponer a sufrir trastornos neuropsiquiátricos.
La salida de la África y el encuentro con especies próximas
Los humanos modernos salieron de la África hace unos 60.000 años y, cuando llegó a la Asia, coincidieron con los denisovanos, como también hicieron con los neandertales en Europa y estas dos especies prehumanas entre ellas. Además de enfrentamientos y colaboraciones, también salieron cruces, y los humanos modernos llevamos en el genoma variantes genéticas que se originaron en estos homínidos y que pueden tener consecuencias importantes.

En este estudio, se ha conseguido identificar una de estos restos genéticos, probablemente una de las más extendidas, si bien no la única, y que debía ayudar los humanos modernos a sobrevivir al frío pero también nos podría haber predispuesto a sufrir depresión o esquizofrenia, entre otros. Si se ha podido etiquetar esta variante como denisovana es porque es muy parecida al encuentro en esta especie y no es presente en los neandertales.
Una adaptación ventajosa pero con problemas asociados
Probablemente, esta variación del gen SLC30A9 fue beneficiosa para los humanos y fue seleccionada hasta llegar a nuestros días. El estudio de su función muestra que seguramente estaba implicada en el transporte del zinc dentro de la célula. Este oligoelemento, esencial para la salud humana, traslada información de fuera para adentro de las células como entre compartimentos celulares, y su carencia causa alteraciones del crecimiento, neurológicas y inmunitarias, pero ha sido poco estudiado por la falta de herramientas moleculares para seguir el flujo.

Los investigadores vieron que la variante provoca un nuevo equilibrio del zinc adentro de la célula, promoviendo un cambio metabólico que podría ser ventajoso ante un clima hostil, probablemente más frío. Sin embargo, el transporte del zinc también está implicado en la excitabilidad del sistema nervioso y tiene un papel en el equilibrio y la salud mental de las personas, cosa que podría haber afectado las poblaciones europeas y asiáticas.
Esta variante, pues, que se expresa a todos los tejidos del cuerpo, se asocia a una mayor predisposición a algunas enfermedades psiquiátricas como la anorexia nerviosa, el trastorno de hiperactividad, el trastorno del espectro autista, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo compulsivo o la esquizofrenia. Partiendo de Asia, se extendió a Europa y también a las poblacion nativas americanas. De hecho, es presente en poblaciones de todo el planeta, pero mucho menos en la África.

