Un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) alerta que la Antártida se encuentra en serio peligro, ya que en los últimos 30 años han perdido cerca de 12.000 km² de hielo, 12.800 km² de hielo encallado concretamente, una cifra que supone un tamaño como la mitad de Bélgica. Los investigadores de la Agencia Espacial Europea (ESA) señalan que el retroceso medio del hielo antártico es de 442 kilómetros cuadrados al año.
Los autores del estudio han utilizado los datos obtenidos de las observaciones satelitales de radar para poder hacer un mapa de los cambios que se habían producido en las líneas de tierra alrededor del continente antártico desde 1992 hasta 2025. Unos mapas que pudieron mostrar que «líneas de tierra eran estables a lo largo de más del 77% de la costa de la Antártida, incluidas las principales plataformas de hielo como Ross, Filchner-Ronne y Amery», pero que había retrocesos significativos en regiones vulnerables como la Antártida Occidental, partes de la Antártida Oriental y la península Antártica. De hecho, en la Antártida Occidental es donde se registró un retroceso más elevado de hielo, ya que se detectaron zonas donde se habían perdido hasta 42 km de masa helada.
¿Por qué retrocede más en una zona que en otras?
Los investigadores descubrieron que el retroceso del hielo está relacionado, en gran parte, con las corrientes oceánicas cálidas -también conocidas como aguas profundas circumpolares-. Donde hubo una pérdida mayor de hielo fue en las zonas donde estas corrientes llegaban hasta los lechos glaciares profundos a través de canales submarinos.

«Este estudio establece las bases para nuestra comprensión de la dinámica de las líneas de tierra. Proporciona un sólido registro de referencia que permite a la comunidad científica probar predicciones y mejorar los modelos de las capas de hielo, lo cual informa directamente sobre los escenarios de aumento del nivel del mar y sus implicaciones para la sociedad. La observación continua de la Tierra sigue siendo esencial para refinar las proyecciones y monitorear cómo la Antártida responde al calentamiento global», señala Nuno Miranda, director de la misión Sentinel-1 de la ESA.
