La pornografía es una de las industrias más rentables del mundo moderno -se estima que la industria genera más de 100.000 millones de euros anuales- pero a la vez también muestra una imagen del contacto íntimo casi totalmente distorsionada y que puede llegar a generar conductas altamente perjudiciales. Dos nuevos artículos científicos impulsados por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) muestran que el consumo de pornografía violenta está asociado al desarrollo de un vínculo negativo con la salud sexual, y aumenta tanto los comportamientos sexuales de riesgo como la aceptación de la violencia contra las mujeres. Es decir, el consumo de pornografía violenta tiene afectaciones claras en la salud sexual y las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres.
Los dos nuevos artículos impulsados por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) analizan cuál es la relación que existe entre el consumo de pornografía con un contenido violento y los comportamientos sexuales de riesgo, la violencia contra las mujeres y el bienestar sexual de las personas, una relación que demuestra que el consumo de este tipo de contenido genera problemas en las relaciones interpersonales. «En ambos sexos, se identificó una asociación entre el consumo de pornografía que implica violencia física y comportamientos sexuales asociados con escrituras sexuales de riesgo», alertan los investigadores.
Desarrollar un comportamiento de riesgo
Los resultados del estudio muestran que este consumo de pornografía de carácter violento puede suponer un problema también a largo plazo, ya que los hombres que consumen este tipo de pornografía pueden llegar a desarrollar una posibilidad más alta de tomar potenciadores de la función sexual como puede ser el citrato de sildenafil, también conocido como Viagra. En el caso de las mujeres el impacto cambia, y se relaciona el consumo de pornografía violenta con una posibilidad más alta de experimentar dificultades para llegar al orgasmo en una relación de pareja.
De hecho, los investigadores alertan que en ambos sexos el consumo de pornografía violenta está relacionado con una posibilidad más alta de tener encuentros sexuales con parejas ocasionales, un hecho que estaría también relacionado con el desarrollo de problemas de comunicación interpersonales y posibles encuentros sexuales con presencia de alcohol u otras drogas. Los autores del estudio añaden que el impacto de la pornografía en el cerebro humano no depende de la frecuencia del consumo de esta, sino que lo que impacta en la psique humana es el consumo violento que aparece.

Un consumo generalizado
Los investigadores destacan que, en el último año, cerca del 51% de las mujeres y el 64% de los hombres de entre 18 y 35 años consumen pornografía que contiene contenidos con violencia física. Un consumo que afecta también al cerebro y a la percepción de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, ya que hay una correlación entre este contenido pornográfico con violencia física y una aceptación más elevada de la violencia contra las mujeres.
